Hay quienes prefieren ser insultados que comprender que el silencio es una buena opción frente a los conflictos, así es como se llenan de resentimientos y de mas sobre cargas emocionales cuando deberíamos evitar herir a esos otros y esperar el momento oportuno para evacuar cualquier desacuerdo, momento de dialogo que al ser contra argumentado coherentemente nos permite crecer de lo contrario nos sobre carga llevándonos incluso a estadios emocionales de mayor descontrol. Así que hay que guardar silencio y esperar que los rencores se evacuen buscando el lugar oportuno y el momento indicado para trasformar todas aquellas situaciones que nos molestan y hasta agreden al punto de encontrar nuevos y mejores acuerdos.

Una perla anónima nos dice: “la adversidad tiene el don de despertar talentos que en la comodidad hubieran permanecido dormidos”.

Cuentan que cuando la abuela observó cómo su hija callaba ante los conflictos que tenia en su hogar, le dijo: – la vida me ha enseñado que lo que no decimos en el momento y lugar oportuno se acumula en el cuerpo, regularmente se convierte en insomnio, en nudos en la garganta que nos enferman, en nostalgias que nos aíslan, en errores que se multiplican, en deudas con nosotros mismos que nos agobian, en insatisfacciones que nos llenan de despropósitos ya que lo que no decimos no se muere, nos mata.

Hay momentos en la vida en donde suponiendo guardar silencio lo que estamos haciendo es guardando rencores innecesarios que posteriormente se van acumulando hasta llenarnos incluso de dolencias físicas que parece no sabemos como sanar, debido a que en su momento y a través del dialogo y de sabios acuerdos dejamos contradictoriamente enquistar esos rencores en nuestros seres.

El Texto de Textos nos revela en Gálatas 4:8, “ciertamente, en otro tiempo, no conociendo a Dios, servíais a los que por naturaleza no son dioses”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…

COTIDIANIDADES…

¡nos transformaremos!