Se dice que desafortunadamente en nuestros hogares se trabaja poco la posibilidad que aprendamos a tomar decisiones y que probablemente por ello en esta escuela de la vida que implica el ensayo error, regularmente no solo magnificamos los efectos de esas malas decisiones, sino que además prolongamos las consecuencias de estas sin aprender a minimizar las causas. Es mas el no decidir también ya implica decidir no hacer así que hay que aprender a tomar sabias decisiones y además a asumir los efectos de estas y para ello nada mejor que medir lo que domina nuestros pensamientos para a partir de allí incluso pensar antes de decir y de actuar.

Una perla anónima nos expresa que, “los logros son un proceso no un accidente”.

Cuentan que cuando la maestra observó a su estudiante lleno de temores, intentó escucharlo para saber el por qué este ser, estaba tan dominado por dichos miedos incluso a la hora de responder un examen, así que una vez lo escuchó, entendió que sus padres le habían sobreprotegido tanto que debido a ese exceso solo vivía en inseguridades por lo cual le regalo un hermoso proverbio Chino que decía: “el que piensa demasiado antes de dar un paso se pasa toda la vida cojeando”.

Nos deben formar para tener una estima saludable y armónica por lo que no podemos negar que hay que aprender no solo a arriesgarnos sino a tomar decisiones que nos alejen de esos miedos infundados y con ello se nos enseñe a enfrentar los resultados que se generen como producto de dichos errores.

El Texto de Textos nos revela en Romanos 4:7, “bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas y cuyos pecados son cubiertos”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…

COTIDIANIDADES…

¡nos transformaremos!