En algunos momentos de nuestras vidas incluso producto de la pereza no hacemos esas pequeñas actividades que regularmente reflejan un orden en nuestros hábitos, por lo que se va acumulando incluso polvo y mugre, los cuales luego se hacen más complejos de limpiar. Tarea que nos invita a comprender que si vamos descuidando igualmente las pequeñas actividades que ordenan nuestras vidas estas se van llenando de antivalores, como de pensamientos no muy sanos, que finalmente hacen que nuestras existencias se hagan pesadas y en algunos casos hasta invivibles. Lo que quiere decir que es necesario revaluar ese modelo de actuar.

Una perla de Voltaire asegura: “cuando se trata de dinero todos somos de la misma religión”.

Cuentan que cuando la abuela visitó de sorpresa el apartamento de su nieta que estaba bastante desorganizado, se colocó a arreglar este pese a que la chica le pedía no lo hiciera, ya que a ella no le molestaba dicho desorden, por lo que la abuela le dijo: – no quiero que te sientas mal pero lo exterior es un reflejo de lo que esta pasando en nuestro interior y siento que estas aplazando las pequeñas tareas diarias, acumulándolas sin darte cuenta que esta suma de descuidos te van afectando lenta pero gravemente.

Y es que nos cuesta aceptar que la vida es una suma de pasos, lo que quiere decir que si descuidamos esos pequeños y continuos avances cotidianos no podemos quejarnos de los resultados futuros. Incluso si dejamos para mañana esas pequeñas tareas que ordenan nuestras existencias y les acumulamos, las tareas futuras serán mucho mas pesadas y en algunos casos irrealizables.

El Texto de Textos nos revela en II de Corintios 7:10, “porque la tristeza que es según el Creador produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…

COTIDIANIDADES…

¡nos transformaremos!