No hay imagen mas profunda al respecto de la vida que aquella que nos denota una criatura recién nacida cuando aprieta por esa primera vez con su manito el dedo índice de su padre, quizá como una forma de advertirnos que ha atrapado de por vida a ese ser. Proceso que no se detiene jamás y que nos denota a la vez con el paso del tiempo lo mucho que esos padres pueden llegar a madurar y a crecer gracias a las enseñanzas de ese hijo. Temporalidad que a su vez termina siendo el mejor legado que esos hijos pueden recibir de sus padres, ya que es bien sabido que esas nuevas generaciones recordarán mas a sus padres por lo compartido que por lo provisto materialmente. No perdamos de vista que esos hijos siempre serán esas anclas que le permiten a esos cuidadores tener la certeza de saber que en ese hogar es en donde se debe consolidar un puerto seguro tanto para esos hijos como para toda la familia.

Una perla anónima asegura que “una casa será fuerte e indestructible cuando esté sostenida por estas cuatro columnas: un padre valiente, una madre prudente, un hijo obediente y una familia sapiente”.

Cuentan que cuando Walt Disney como padre de sus caricaturas supero la tecnología de la segunda dimensión de lo largo y lo ancho que plasmo originalmente en sus dibujos animados, ingresando así a la era tres D decidió involucrarse de lleno con sus creaciones y se metió en una de sus películas e interactuó entre otros con el ratón Mickey. Lo interesante de la historia es que al final de la película este nos deja un mensaje trascendental, cuando se despide de estas criaturas en su realidad tres D diciéndoles que no podía seguir viviendo con ellos ya que pertenecía a otra dimensión sin la cual ellos no tendrían vida.

Valiosa postura que con su analogía nos enseña cómo nuestro Padre Celestial al igual que este personaje tuvo que venir a nuestra dimensión animada para denotarnos que había otro destino esperándonos, por lo que quizá los padres a imagen y semejanza del Creador estamos llamados a usas esa alegoría e ir a la dimensión en donde viven nuestros hijos para entenderlos, atenderlos y acompañarles de retorno al camino celestial.

El Textos de Textos nos revela en I Tesalonicenses 5:25, “Hermanos, orad por nosotros. 26 Saludad a todos los hermanos con ósculo santo”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras….

COTIDIANIDADES…

¡nos transformaremos!