Y como la lista de necesidades y satisfactores parece cada día ir más en aumento en esta sociedad mercantil vale la pena que reflexionemos al respecto de qué es lo que realmente necesitamos para poder determinar qué es indispensable exceptuando aquello que es básico para comer, lo cual incluso nos lo abastece la misma naturaleza. Y es que la mayoría de esas necesidades que clasificamos como básicas tal vez no lo son y por el contrario solo crean una serie de satisfactores y deseos que nos llevan a vivir insatisfechos hasta de nosotros mismos. Así las cosas lo ideal seria el sentirnos satisfechos con todo aquello que el día a día nos provee y que incluso si nos permitimos reflexionarlo a fondo es más de lo que necesitamos.

Una perla anónima nos reclama: “quien no pueda mandarse a sí mismo debe aprender a obedecer”.

Cuentan que cuando el tendero le preguntó al mercaderista el por qué ubicaba algunos productos distanciados de otros y además en diferentes góndolas este le dijo que era una estrategia de mercado, que estaba diseñada para distraer al usuario desde el mismo momento que ingresa a la tienda para generarle nuevos deseos y llevarlo a que aun sin necesitar un producto lo tome y luego lo convierta en algo indispensable para su vida.

Estrategia comercial que nos debe servir para comprender el cómo la publicidad esta diseñada para generarnos deseos e incluso insatisfacciones en esa búsqueda casi instintiva de sentirnos incompletos. Lo cual esta sustentado en la teoría de los satisfactores en donde nuestras necesidades son mínimas y por el contrario ese deseo de satisfacción es casi infinito.

El Texto de Textos nos revela Isaías 26:3, “tu guardas en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera, porque en ti ha confiado”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…

COTIDIANIDADES…

¡nos transformaremos!