El concepto de sanidad a diferencia del de curación es más integral, por ello una persona se puede curar de una lección en un tiempo dejando incluso que el mismo cuerpo haga su trabajo para ello. En el caso de la mente el trabajo es un poco más complejo y necesita que esa persona ponga algo de su voluntad y en vez de recalcar en el error y la culpabilidad se permita perdonar y fraternizar consigo mismo y con quienes intervinieron en dicho dilema. Lo que hace que para que hablemos de una sanación integral necesita de una espiritualidad que nos invite a sentirnos parte de la misma Creación y por lo tanto a ver en las lecciones recibidas motivos de esperanza y no quedarnos con otra serie de sentimientos y emociones que no nos permiten avanzar.

Una perla de Henri Barbusse nos expone: “la sombra no existe; lo que tu llamas sombra es la luz que no ves”.

Cuentan que cuando una persona fue llevada al hospital producto de un accidente que según testigos había generado él mismo, aunque culpaban de ello a otro conductor, que realmente había cometido una imprudencia pero no generado el siniestro ya que este hombre lesionado contrariamente a lo ocurrido hubiera podido evitar todo pero al parecer no quiso. El médico que le atendió le explicó la forma de recuperarse de las cirugías y de las diversas heridas que había sufrido, sin embargo le dejo en claro que esa gran herida del corazón que le denotaba solo se podría sanar con el tiempo y con mucha voluntad.

Y es que en ocasiones hablamos de curar algunas heridas que nos acontecen en nuestro ser físico y hasta el mental pero obviamos que para lograr sanar aquellas cosas que están ardiendo en nuestro ser interior y en nuestro corazón debemos darle tiempo al tiempo y permitirnos además de perdonar el dejar que estas se sanen con mucha fraternidad y buenos deseos incluso para con aquellos que un día nos pudieron hacer daño o de lo contrario seguiremos prolongando y magnificando sufrimientos.

El Texto de Textos nos revela en Lucas 6:45, “El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…

COTIDIANIDADES…

¡nos transformaremos!