Es muy común el confundir el amor con todos esos sentimientos emocionales que expresamos a diario y que aunque pueden tener algunos síntomas de ese vinculo simplemente son pequeños indicios del mismo dentro del camino de armonizar nuestras relaciones. Y es que el verdadero amor ese que llegamos a construir con todos nuestros próximos tengamos o no insumos de consanguinidad nos lleva a integrarnos con ellos más allá de lo emotivo. Incluso si nos dejamos tocar por ese fluir divino ello nos motiva siempre a estar cerca de esas personas haciendo que todo confluya para coexistir en un estado natural a través del cual prima la armonía ya que en su todo al amar a los demás seres con los que cohabitamos este universo nos sentimos incluso parte de ellos.

Una perla anónima nos corrige: “no ores por una vida fácil, reza por tener la fortaleza de afrontar una vida difícil”.

Cuentan que cuando la adolescente llegó a su casa lloriqueando por la ruptura que había tenido con su novio, su madre la escuchó por un buen rato y luego la dejo en su cuarto y bajo a dialogar con el padre al respecto, el cual cuando terminó de escuchar los argumentos de la madre comentó: – cuando se habla de estar enamorado como un loco se exagera; en general, se está enamorado como un tonto debido a que ello es solo emocional y no verdadero.

El amor el verdadero no tiene nada que ver con este tipo de sentimientos pasajeros y hasta opuestos en ocasiones que nos llevan a sentir en unos instantes cercanía por alguien y a los días siguientes hasta odio. La verdad es que el amor como vinculo perfecto nos incita a vivir en su fluir intentando cada vez acercarnos más y más no solo a los demás seres sino a nosotros mismos.

El Texto de Textos nos revela en I de Timoteo 4:7, “ejercítate para la piedad”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…

COTIDIANIDADES…

¡nos transformaremos!