En algunas comunidades parece que la costumbre es más la de mal decir, lo que no significa usar una serie de conjuros especiales y maléficos para intentar desear a los demás cosas adversas, sino simplemente el expresarnos con todo tipo de palabras agrestes y malintencionadas no solo para con aquellos seres con los cuales tenemos diferencias sino incluso con nosotros mismos. Que maravilloso si nos colocamos a diario a revisar esa serie de palabras y pensamientos que además no utilizamos bien como reflexiones para nuestras cotidianidades y así nos proponemos trasformar esa visión de vida al punto de bien decir de todo y de todos.

Una perla de Aristóteles nos dice; “la naturaleza no hace nada en vano”.

Cuentan que cuando le preguntaron al creyente el por qué no hablaba casi de todas las cosas maravillosas que acontecían en su vida este dijo: – en mis oraciones le ruego el Creador que me permita hacerle entender a quienes me escuchan que debemos dejar de hablar cuan grandes son nuestras barreras y mas bien hablarles a esas barreras en oración cuan grande es nuestro Creador, ya que hay un milagro en nuestras bocas y es la capacidad de Crear, por ello en lo que más le insistió a los padres es que una cantaleta bien intencionada decreta destrucción y recordación de cosas negativas.

Nuestras palabras crean y a través de ellas nos recreamos lo que quiere decir que debemos trabajar a diario para que estas se llenen de bendiciones para con los demás y para con todas aquellas circunstancias que nos acontecen así supongamos que algunas de ellas no ameritan ese tipo de reflexiones.

El Texto de Textos nos revela en Hebreos 11.3, “por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra del Creador, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…

COTIDIANIDADES…

¡nos transformaremos!