Parece normal que algunas personas hablen para luego pensar lo que quiere decir que expresen cualquier cosa sin siquiera medir los efectos primarios de dicha comunicación. Valdría la pena entonces que primero pensemos muy bien lo que vamos a decir y que incluso tengamos como política callar ya que deberíamos hablar solo cuando sea necesario y con las palabras justas para así no dejarnos guiar por una imprudencia que parece pulular en nuestras sociedades. No es gratuito que nos aseguren que paciencia y prudencia van de la mano para poder construir una consecuencia de vida que incluso nos evite algunos dolores de cabeza de esos que reproducimos a diario por no tener en cuenta estos preceptos.

Una perla de Cicerón nos dice: “la cara es el espejo del alma, y los ojos son sus intérpretes”.

Cuentan que cuando el autobús se detuvo producto de una llamada que recibió el conductor, un hombre se levantó muy molesto de su silla reclamándole al conductor que esa parada le podía atrasar su vuelo. Sin embargo y ante el silencio del conductor que solamente miraba por el retrovisor, el hombre observó como el mensajero de su empresa llegaba con un sobre que este había olvidado, teniendo que pasar la vergüenza de disculparse con el conductor y los demás pasajeros por su impaciencia y grosería.

Tristemente nuestra impaciencia ante algunos hechos nos demuestra más adelante no solo lo equivocados que estábamos sino a la vez lo imprudentes que somos, por ello lo ideal ante algunas situaciones es preguntar con decencia lo que esta sucediendo y si es el caso intentar comprender toda la situación.

El Texto de Textos nos revela en II de Pedro 3:8, “más, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. El Creador no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…

COTIDIANIDADES…

¡nos transformaremos!