Nuestros prejuicios nos llevan a que valoremos algunas situaciones que incluso no han acontecido como negativas y en el peor de los casos como indignas de ser vividas, por lo cual cuando estos hechos nos acontecen nos colocamos en una posición defensiva incluso agreste que nos lleva a maldecir de la misma vida. Y es que en vez de juzgar o incluso de descalificar alguna situaciones simplemente porque no coinciden con nuestras expectativas estamos llamados a extraer de ellas lo mejor que podamos, entendiendo que dicho aprendizaje debe servir para nuestro crecimiento personal y no para dejarnos caer en estados de depresión de los que tarde o temprano debemos levantarnos. Seria bueno dejar a un lado ese tipo de juicios a través de los cuales simplemente no reconocemos de forma clara aquello que la misma vida nos quiere otorgar.

Una perla de Tomas Moro afirma: “el espíritu orgulloso, no puede aguantar que se mofen de él”.

Cuentan que cuando le preguntaron a la docente cuál era la mayor enseñanza que intentaba a diario que les quedara grabada en los corazones a sus alumnos esta comento:- que aprendan que no vemos las cosas como son sino como somos, por lo cual hay que aprender a seguir instrucciones aunque algunas ahora nos parezcan ilógicas, ya que todos los seres humanos necesitamos reconocer y aprender el concepto de limites, lo que quiere decir que debemos empezar a entender claramente todo lo que nos sucede.

Regularmente tenemos la tendencia a calificar todo lo que nos pasa a diario bajo los parámetros de lo bueno o lo malo, dejando muy grabadas en nuestras mentes todos aquellos sucesos que juzgamos como adversos, lo que no es del todo sano, ya que todo aquello que nos acontece debe ser visto como un aprendizaje a través del cual nos permitiremos ser cada vez mejores seres humanos.

El Texto de Textos nos revela en el Salmo 103:14, “como el padre de compadece de los hijos se compadece el Creador de los que le temen.”

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…

COTIDIANIDADES…

¡nos transformaremos!