Estamos inmersos en comunidades en donde nos parece mas que normal el agredirnos en vez de agradarnos. Incluso en medio de esos continuos intercambios verbales y comunicacionales agrestes y que nos promueven conductas violentas inconscientes que en ocasiones no podemos explicar, vale la pena hacer un alto individual y proponernos usar una comunicación más grata, positiva, prospectiva y fraternal que con el tiempo arroje otro tipo de resultados, así a corto plazo tengamos que seguir padeciendo algunos insultos de personas que ya no pueden ni con sus propias vidas, debido a que el cúmulo de agresiones que han llenado sus existencias es alto y ahora todo ello les atormenta.

Una perla anónima expresa: “nada hay nuevo bajo el sol, pero cuantas cosas viejas hay que no conocemos”.

Cuentan que cuando la madre observó como su hijo y su esposa se agredían incluso con bromas de mal gusto, espero que fuera de noche y allí le pidió a este que le escuchara tranquilamente por unos instantes, así que ya a solas le dijo: – veo que con tu esposa tienen el mal hábito de agredirse incluso con gestos que curiosamente les parecen inofensivos, olvidando que una vez ese mal hábito se arraiga en nuestros hogares proyectará las molestas situaciones de hará que nos reiteremos en ciertas cosas que solo nos llevan luego a ofendernos sin darnos cuenta.

Nos cuesta en ocasiones reconocer que a medida que nos adaptamos a decirnos todo tipo de palabras grotescas incluso con gestos aparentemente fraternales nos estamos es acostumbrando a agredirnos y bajo ese lema a mantenernos en continuos estados de ofensa algunos de los cuales nos llevan a explotar cuando menos lo esperamos y de la forma que menos entendemos.

El Texto de Textos nos revela en I de Pedro 5:7, “echando toda vuestra ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de vosotros”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…

COTIDIANIDADES…

¡nos transformaremos!