Es lógico que el tiempo pase pues esa es su condición, más lo que no parece tener la misma perspectiva es que hagamos que este nos pese, sí que nos carguemos con la suma de segundos y una serie de circunstancias que aun descalificándolas como graves tendrán que pasar al igual que aquellas cosas que juzgamos de extraordinarias. Todo pasa y ese paso del tiempo algo nos enseña por lo que debemos asumir mejor esos aprendizajes como lecciones para nuestros crecimientos y no como lesiones que solo nos arrojan penurias y decrecimiento. Vivir cada momento que la vida nos otorga es le mejor forma de valorar esta, sabiendo que al disfrutar de cada una de esas vivencias le estaremos otorgando un verdadero sentido a todo lo que nos acontece.

Una perla de Arquímedes nos expresa, “el que sabe hablar sabe también cuando”.

Cuentan que cuando el abuelo fue auscultado por la forma como había logrado esa vida de la que todo el mundo le vanagloriaba, ya que no solo tenia un cuerpo sano, una mente cargada de reflexiones sapientes sino a la vez un alma llena de bondad y fraternidad este les dijo a quienes les escuchaban: – la vida me ha enseñado que lo malo de lo bueno es que pasa, mientras que lo bueno de lo malo es que también pasa.

Ciertamente todo pasa, incluso lo que suponemos por su complejidad no soportaremos lo que quiere decir que hay que saber sortear las situaciones cotidianas especialmente teniendo mucha paciencia, la misma que nos debe enseñar a disfrutar cada instante haciendo a un lado las expectativas que teníamos al respecto.

El Texto de Textos nos revela en Juan 13:16, “de cierto, de cierto os digo: El siervo no es mayor que su señor, ni el enviado es mayor que el que le envió. Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…

COTIDIANIDADES…

¡nos transformaremos!