Claro que si, es la respuesta contundente que de nuestra parte expresamos en esta reflexión la cual nos debe motivar a que comprendamos que una cosa es ser amigo y otra muy diferente ser compinche de sus fechorías, las cuales necesitan una sabia corrección. Y es que no se trata de golpear y agredir sino más bien de orientar con palabras claras, contundentes y respetuosas pero sobre todo con el ejemplo. Tengamos en cuenta que una buena amistad esta plagada de valores a través de los cuales se busca el bien de todos lo que quiere decir que bajo esos preceptos esos seres humanos serán guiados a que vivan en armonía consigo mismo y con los demás.

Una perla anónima nos revela que “el que mucho se ausenta pronto deja de hacer falta”.

Cuentan que cuando la familia fue felicitada en el colegio debido a toda esa educación que denotaba su hijo se le daba en casa, lo cual no solo se reflejaba en sus actividades académicas sino en el compañerismo que denotaba el chico hacia sus compañeros y profesores, estos simplemente le recomendaron a los otros padres de familia una frase de José ingenieros que dice: “es hermoso que los padres lleguen a ser amigos de sus hijos desvaneciéndoles todo temor pero inspirándoles un gran respeto”.

Algunos padres consideran que no es sano construir una amistad con sus hijos y que por ende es mejor imponerles argumentos que exponerles, lo que es un error, ya que los niños necesitan como cualquier ser humano una guía amorosa que les permita ir comprendiendo una serie de principios y valores que al final del día gobernaran sus hábitos.

El Texto de Textos nos revela en Isaías 57:21, “no hay paz, dijo mi Creador, para los impíos”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…

COTIDIANIDADES…

¡nos transformaremos!