Uno de los dilemas en que más nos vemos envueltos a diario tiene que ver con el saber dar no solo a las personas indicadas, en el momento adecuado sino también con el objetivo preciso, ya que cuando se da en abundancia a la persona que solo espera recibir la convertimos en perezosa y limosnera, si lo hacemos en momentos inadecuados es probable que ese ser simplemente siga esperando y suponga que siempre le debemos dar, mal enseñándole y lo que es peor, si no hay un objetivo concreto en vez de enseñarle lo colocaremos en la posición de creer que merece recibir y por ende siempre estará presto a esperar que los demás le den y no lograremos que sepa la importancia de dar algo, así crea que tiene muy poco para ofrecer.

Una perla anónima nos dice, “la vida te da todo lo que necesitas con la condición que no dudes que te lo mereces”.

Cuentan que cuando le preguntaron al jefe cuáles eran las enseñanzas de la vida que mas había colocado en práctica luego de casi cincuenta años de arduo trabajo este dijo: – he aprendido que quien da es más feliz que quien recibe. Incluso quien de gracia recibe de gracia debe dar, porque aunque la gente no lo crea es mejor dar que recibir.

Y aunque desde pequeños nuestros progenitores y cuidadores inconscientemente nos enseñan lo contrario, lo cierto es que debemos aprender más a dar que a recibir, ya que la vida nos da a diario demasiado mientras nosotros regularmente no devolvemos siquiera un poco de lo mucho que se nos entrega.

El Texto de Textos nos revela en Hechos 13:10, “¿no cesarás de trastornar los caminos rectos del Señor?”

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras….

COTIDIANIDADES…

¡nos transformaremos!