El concepto de armonía en si no quiere decir que no existan conflictos o que todos deben comportarse de una misma forma para que no se den conflictos, por el contrario, de lo que se trata es que respetando la identidad y dones de cada cual, se sume esa variedad de personalidades con un fin común el cual por lógica beneficia a todos. Y aunque hay quienes suponen que dicha visión armónica es utópica, lo cierto es que el mismo universo nos demuestra como todas sus fuerzas están buscando ese estado en donde confluye la vida y por ende cada partícula aporta de si misma para que todo fluya demostrándonos así la importancia de complementarnos.

Una perla anónima explica: “el que lo piensa todo primero, no escribe nada después”.

Cuentan que en una ocasión el padre que le enseñaba a su hijo a tocar piano quiso denotarle a este la forma como se lograba diferenciar bien el sonido de las notas afinadas y para eso trajo a su casa al afinador para que el chico se diera cuenta cómo con un dedo de la mano izquierda el iba tocando sucesivamente las teclas mientras con la mano derecha manejaba la llave con que ajustaba la tensión exacta de las cuerdas que denotaba una tonalidad perfecta.

Y es que la música nos enseña que todo tiene una armonía en donde cada tecla, cada sonido, cada nota y cada instrumento puede mantener una identidad pero a la vez sumarse para lograr una pieza musical majestuosa. Valida postura para que nosotros coloquemos de lo mejor de nosotros para alcanzar dichos objetivos en pro de un bienestar general.

El Texto de Textos nos revela en Lucas 12:2, “porque nada hay encubierto, que no haya de descubrirse; ni oculto, que no haya de saberse. Por tanto, todo lo que habéis dicho en tinieblas, a la luz se oirá; y lo que habéis hablado al oído en los aposentos, se proclamará en las azoteas”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…

COTIDIANIDADES…

¡nos transformaremos!