Hay quienes no comprenden que los niños son eso; niños, y por lo tanto juegan y quieren aprender descubriendo, moviéndose, por lo que hay que tener mucha paciencia con ellos pero a la vez la claridad de guiarlos no tanto prohibiéndoles cosas como sí estando a favor de aquello que les queremos enseñar. Se trata por lo tanto de exponerles todos los mejores argumentos y con la metodología y pedagogía adecuada para que estos seres en formación sigan despertando su creatividad plagada de motivaciones y no como regularmente sucede estar coaccionándoles, reprimiéndoles y castigándoles para que actúen como adultos cuando realmente son niños en formación.

Una perla anónima afirma que “la frustración es el resultado de idealizar nuestras expectativas”.

Cuentan que no es nada saludable forzar nuestros niños a comer cuando a ellos no les apetece, incluso es una mala estrategia prometerles algo para hacerlos que coman y luego no cumplirles, en el mismo camino no es sano rechazarles o condicionarles nuestro cariño, en fin no es nada formativo para su proceso de crecimiento atemorizarles, aislarles como tampoco sobre protegerles o sobre exigirles al punto que lleguemos a excluirles.

Y es que desafortunadamente en ocasiones queremos presionar a los niños para que hagan algo sin entender que todo lo que le queramos enseñarles debe contar con una enorme paciencia para que en vez de imponerles les vayamos dando los argumentos suficientes como para exponerles y desde dicha perspectiva irles enseñando no tanto lo que no queremos que hagan, como sí lo que anhelamos que ellos concreten en pro de su crecimiento integral como seres humanos.

El Texto de Textos nos revela en el Salmo 51:2, “lávame más y más de mi maldad y límpiame de mi pecado”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…

COTIDIANIDADES…

¡nos transformaremos!