Y aunque seguramente nos parecerá contradictoria dicha pregunta ya que se supone que a nadie le gusta sufrir, lo cierto es que inconscientemente parece que si, ya que escogemos una opción que estando exclusivamente en nuestros imaginarios no nos ayuda para nada, por el contrario en vez de aferrarnos a una idea y quedarnos en el mundo del sufrimiento, deberíamos asumir el reto de salir de aquel pensamiento y proponernos encontrarle salidas a aquello que estamos descalificando como lo peor. Se trata de parar de sufrir aceptando la situación que nos esta aconteciendo y asumiendo una nueva postura en donde entendamos lo que esta aconteciendo y crezcamos.

Una perla de Alfred Adler nos dice: “es más fácil luchar por unos principios que vivir de acuerdo con ellos”.

Cuentan que cuando le preguntaron al terapeuta al respecto de unas buenas recomendaciones para el día a día este dijo: – no podemos cambiar a las otras personas, pero si podemos, decidir dejar de sufrir. La gran mayoría de nuestros sufrimientos son una decisión a la que tarde o temprano dejamos cuando nos damos cuenta del error. Se trata de dejar de sufrir por eso que antes nos mortificaba y que un día nos damos cuenta que no vale la pena estar pegados a ese pensamiento.

Esta demostrado que la mayoría de situaciones que reconocemos como sufrimientos son simplemente producto de nuestra imaginación y deseos que no nos acontezca algo que lógicamente no coincide con nuestras expectativas, lo que quiere decir que aunque el dolor puede llamarnos la atención momentáneamente ello no explica que debamos prolongar este inconscientemente hasta convertirlo en un sufrimiento.

El Texto de Textos nos revela I de Juan 1:5, “El Creador es Luz”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…

COTIDIANIDADES…

¡nos transformaremos!