Hay quienes aseguran que es casi un deporte nacional el denigrar de los demás, mirando sus defectos los cuales llegamos a magnificar cuando deberíamos al ver esos errores en los otros mirar que nosotros no los cometamos y después con nuestro sano ejemplo y mucha paciencia ayudarles a esas otras personas para que corrijan todas aquellas acciones que no están a favor del bienestar general. Lo mejor que podemos hacer es dejar de juzgar a las otras personas y simplemente si se trata de calificar alguna situación observar el rol que asumimos dentro de ella que regularmente debería ser el de aportarle a los demás con nuestro sabio ejemplo. Se trata de guiar a quienes están equivocados y no de criticarles y menos a sus espaldas.

Una perla anónima nos dicta: “nada grande se ha conseguido sin entusiasmo”.

Cuentan que en una cotidianidad una mujer escuchaba como dos personas denigraban de casi todos los demás vecinos de su localidad por lo que cansada de sus impertinencias y entendiendo que ellos esperaban que ella también rajara de sus vecinos, les dijo: – con todo el respeto que ustedes se me merecen tengo claro que las personas que tienen poco que hacer son por lo general muy habladoras, ya que la vida me ha enseñado que cuanto más se piensa y se obra, menos se habla.

Y aunque es una verdad irrefutable no con ello se trata de enrostrarle a los demás sus errores sino por el contrario de llamarles la atención a aquellos que en vez de invertir su tiempo en su crecimiento personal prefieren estar denigrando de los demás, con lo cual no logran realmente nada prospectivo. Vale la pena que asumamos la diaria tarea de reflexionar al respecto de nuestros errores y si es el caso con mucho tino ayudar a que los demás cambien colocando nuestro ejemplo como punto de partida.

El Texto de Textos nos revela en Juan 10:14, “Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen, así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…

COTIDIANIDADES…

¡nos transformaremos!