Desde un criterio cotidiano mas no religioso, se puede hablar que pecamos cuando pensamos, decimos o hacemos cosas que están en contra de lo que es vivir y amar y por ende de nuestro propio bienestar el cual incluye lógicamente el de los demás seres vivos, lo que nos invita en primera instancia a actuar de tal forma que sea la vida y todo lo que la potencializa lo que nos guie. Bajo dicha perspectiva el concepto de pecado no tiene nada que ver con el no degustar de todo lo que la Creación nos ofrece para que lo experimentemos armónicamente sino mas bien con el hecho de evitar esa cantidad de excesos y actos inconsecuentes que nos llevan incluso a auto agredirnos inconscientemente.

Una perla de Shaw afirma que “cuando un hombre quiere matar a un tigre, lo llama deporte; cuando es el tigre quien quiere matarle a él, lo llama ferocidad”.

Cuentan que cuando le preguntaron al predicador al respecto del pecado este comentó que, pecar no consistía exclusivamente en hacer cosas malas, sino más bien en anteponer nuestro bien estar particular y propósitos egoístas por encima del de la misma Creación. Por lo cual recomendaba que además de cambiar nuestras conductas debemos reorientar y reenfocar el centro de nuestras vidas que debe ser el Creador y su obra.

Mucho se nos dice al respecto de lo que realmente significa pecado y aunque no pretendemos expresar un criterio nuevo al respecto, si esta claro que se habla de pecar cuando voluntariamente nos apartamos de la voluntad de un Creador que nos invita a diario a vincularnos con Él a través de su obra.

El Texto de Textos nos revela en el Salmo 90:12, “enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras …

COTIDIANIDADES…

¡nos transformaremos!