Nuestras coexistencias se componen de pequeñas partículas o átomos que al integrarse conforman sistemas, lo que quiere decir que si una pequeña célula deja de cumplir con sus funciones lentamente todo nuestro cuerpo puede verse afectado, lo cual si lo llevamos a nuestro día a día nos debe enseñar que nuestros hábitos se componen de pequeños pensamientos, palabras o acciones que al ser reiterados nos ofrecerán no solo los resultados anhelados sino además los que esas rutinas por su lógica deben proyectarnos. Lo que quiere decir que si somos perezosos la vida no nos puede otorgar esos resultados que obtienen los que día a día se levantan con ánimo para alcanzar sus metas.

Una perla de Epíteto expresa: “la felicidad no consiste en adquirir y gozar, sino en no desear nada, pues buscamos ser libres”.

Cuentan que cuando el director del equipo le llamó la atención en público al jugador que incluso todos pensaban que estaba ahí solo por alguna familiaridad con él, debido a que no estaba colocando lo mejor de sí, uno de sus asistentes le preguntó cuál era la razón, si además nunca colocaba a ese chicho a jugar, a lo que este le dijo: – todo hace parte del engranaje y él esta aprendiendo, además un tornillo de un carro o una tuerca por pequeña que sea nos puede llevar a que en algún momento se dañe el resto de la estructura.

Y es que aunque nos cueste entenderlo las personas que son fieles en lo poco o sea que se ocupan de los pequeños detalles de nuestras cotidianidades son aquellos que reciben las grandes satisfacciones de la vida. Y lo mismo opera para quienes no entienden que la vida se compone de pequeños actos, que al hacerlos continuamente nos pueden generar las grandes decepciones.

El Texto de Textos nos revela en Eclesiastés 5:2, “no te apresures, ni con la boca ni con la mente, a proferir ante el Creador palabra alguna; él está en el cielo y tú estás en la tierra. Mide, pues, tus palabras”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…

COTIDIANIDADES…

¡nos transformaremos!