La pedagogía popular nos dice que es mejor prevenir que lamentar, lo que quiere decir que si aplicamos esa propuesta a nuestras vidas deberíamos conocer más de nosotros y de los otros para desde esa lógica entender incluso cómo funciona nuestro cuerpo y a la vez cómo debemos retroalimentarlo con coherencia para poder que las cosas funcionen correctamente. Más no solo se trata de seguir las recomendaciones nutricionales que nos incitan a comer más frutas y vegetales, sino a la vez todas aquellas sugerencias que nos motivan a vivir en armonía con las demás personas e incluso a buscar que las expectativas y búsquedas que tanto nos estresan no sean las que cogobiernen nuestras cotidianidades.

Una perla de Voltaire asegura, “todos los razonamientos de los hombres no valen un sentimiento de mujer”.

Cuentan que cuando le preguntaron al experto en mercadeo el por qué la fabrica de aspirinas producía más ingresos que las de alimentos orgánicos, este explico que los tonelajes de producción de las industrias farmacéuticas en ocasiones quintuplican los productos orgánicos alimenticios debido a la ansiedad, la depresión, los dolores producto de estas situaciones complejas como la prisa, el esfuerzo innecesario, las crisis en los vínculos, las amenazas reales e inventadas, así como los miedos convertidos en temores.

Desafortunadamente los seres humanos preferimos atender una enfermedad cuando esta se encuentra ya demasiado avanzada que prevenirla, lo cual no solo es más costoso sino que además nos genera muchísimas más contrariedades. Lo ideal y lógico es cuidarnos y tener una vida en armonía con nosotros y con los demás seres retroalimentándonos sanamente.

El Texto de Textos nos revela en Juan 14.27, “la paz les dejo, mi paz les doy, yo no se las doy a ustedes como la da el mundo”,  

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…

COTIDIANIDADES…

¡nos transformaremos!