Etimológicamente la palabra queja nos lleva a lamentarnos por algo que consideramos no merecemos y que por ende no quisiéramos nos aconteciera, sin embargo el termino aquejar a diferencia de lo que suponemos, nos invita a que ahora dejemos esos reclamos sin sentido a un lado y enfrentemos dicha dolencia o dilema hasta superarle. Sí técnicamente ese término sin queja nos quiere insinuar que en vez de lamentarnos e incluso quedarnos en ese mismo punto abatidos y hasta sin deseos de continuar, nos llenemos de esperanza y nuevas fortalezas y emprendamos un nuevo camino que nos incite a mejorar.

Una perla anónima nos invita a que nuestras “decisiones sean un reflejo de nuestras esperanzas y no de nuestros miedos”.

Cuentan que en una cotidianidad a una persona se le concedió por parte del Creador el deseo que se le quitara de su vida todo aquello por lo cual se quejaba, lo que generó con el paso del tiempo que este ser que además ya no se quejaba se fuera quedando solo, ya que producto de su petición se le quito su compañera de vida, la cual falleció y lentamente así todas aquellas personas de las cuales tanto se quejaba, incluso su propio jefe, despertando finalmente de ese anhelo un día sabiéndose sin trabajo y casi sin vida, logrando descubrir que contrariamente a lo que pensaba todo aquello por lo que antes se quejaba era una verdadera bendición en su día a día.

Y es que esta historia nos debe servir para que en vez de quejarnos como en ocasiones lo hacemos vislumbremos en todo lo que nos acontece una visión de vida, de crecimiento, lo que quiere decir nos demos cuenta que todo cumple con un propósito que tiene que ver con integrarnos holísticamente como seres humanos.

El Texto de Textos nos revela en I de Juan 2:1, “mis queridos hijos, les escribo estas cosas para que no pequen. Pero, si alguno peca, tenemos ante el Padre a un intercesor, a Jesucristo, el Justo”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…

COTIDIANIDADES…

¡nos transformaremos!