Una de las búsquedas que más se incentiva en algunas comunidades tiene que ver con el adueñarnos de las cosas y ello es tan diciente que dentro de esas expectativas en las escuelas se trabaja el concepto de MI como algo prioritario cuando se debería insistir en otras posibilidades verbales mucho más comunitarias. Por ello es que terminamos pensando en estas sociedades capitalistas que quien tiene más cosas y propiedades vale más y por lo tanto llevamos una vida mucho más cómoda, lo cual no queremos debatir, más si insistir en la necesidad de tener una nueva visión que nos dicta a diferencia de todas nuestras alucinaciones que aquellos satisfactores que realmente son necesarios para una vida digna son más intrínsecos que extrínsecos.

Una perla cotidiana de Federico Nietzsche, afirma que “el gran estilo nace cuando lo bello obtiene la victoria sobre lo enorme”.

Cuentan que en una cotidianidad el viejo, que era muy tacaño, se disponía a hacer su testamento intentando dejarle la mayoría de sus bienes a alguna fundación sin ánimo de lucro suponiendo que con ello bajaría algunos de los impuestos, por lo que lleno de hilaridad el notario que asistía la reunión para redactar el testamento le llamó la atención al moribundo: – nada es tuyo, la vida te lo presta o alquila para que lo disfrutes mientras lo tienes.

Y es que aunque nos proponemos el ser propietarios de todo suponiendo que con ello le encontraremos un verdadero sentido a nuestras coexistencias, lo cierto es que no somos más que mayordomos de unos bienes, así las escrituras nos digan lo contrario, siendo entonces lo ideal disfrutarlos, cuidarlos y enseñarles con esa actitud de desapego a las nuevas generaciones que lo que realmente vale es el compartir antes que el competir.

El Texto de Textos nos revela en Juan 8:12, “otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras …

COTIDIANIDADES…

¡nos transformaremos!