El Texto de Textos nos revela en Proverbios 2:5, “porque el Señor da la sabiduría; conocimiento y ciencia brotan de sus labios”.

Nuestras vidas las entendemos a través de un lenguaje o idioma, simplemente porque con la palabra el Creador dio luz a este mundo: nos creó. Y ese conjunto de letras que al combinarse y sumarse consolidan nuestros imaginarios y realidades, recreando nuestro lenguaje, son por lo tanto las que fomentan nuestros diarios intercambios comunicacionales, dándole así a cada interrelación un nuevo sentido.

Desde esa mirada algunos sabios nos invitan a percibir cada una de esas 22 letras originales hebreas, como una especie de vasija que recibe la luz del Creador que se refleja a través de ese utensilio para que surjan las letras, las cuales con sus movimientos y combinaciones horizontales, verticales o diagonales crean todo aquello en que nos recreamos. Proyecciones lingüísticas que traducimos en imaginarios incluso sonoros que representan lo real y verdadero para nosotros.

Lo que quiere decir que solo podemos entender lo que reconocemos como vida a través de ese lenguaje limitado, cifrado y finito con el que nos comunicamos. Siendo cada palabra y el concepto que a partir de ellas se desprende, la luz que le da vida a nuestras coexistencias. Lo que quiere decir que si anhelamos unos nuevos destellos de luz del Creador para salir de nuestras oscuridades e ignorancias, esas que se provocaron más, con la confusión de las lenguas de Babel, debemos trasformar nuestras palabras y con esa luz del Creador reconstruir nuestras realidades.

Ello se traduce en una nueva mirada incluso de los textos Bíblicos profundizando si es el caso, en ese idioma hebreo original, para traducir integral y holísticamente aquellos que ilumina nuestras mentes, pero ahora con la guía del Espíritu Santo para que esos versículos y sus nuevas luces divinas de la palabra, sirvan de guía práctica para que incluso el amor que nos cuesta comprender como un vinculo perfecto fluya en nuestras interacciones y nos relacione coherentemente.

Aceptar que somos producto de una narración, de esas palabras del Creador, convertidas en energía de vida que le dan movilidad al mismo universo, nos debe motivar además a leer y releer la Biblia y con ello, buscar que cada letra que expresamos con sus destellos fundamente nuestras interacciones. Y gracias a ello también asimilemos que la palabra tiene el poder de crear y de recrearnos, lo que nos invita como comunidad a usarla sabiamente ya que es una potente herramienta de vida que debe integrarnos tanto al Creador como a su obra.

 

El Texto de Textos nos revela en Juan 1:7, “Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él. No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz. Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo. 10 En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció. 11 A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. 12 Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; 13 los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino del Creador”.

 

Oremos para que la palabra del Creador ilumine nuestro diario entendimiento.