Regularmente vivimos sesgados al respecto de las dos visiones más popularizadas hoy por hoy en cuanto a ver el lado occidental u oriental de las filosofías de vida, siendo una mejor opción el motivarnos para permitirnos comprender que si los deseos y satisfactores mercantiles predominan en nuestras diarias búsquedas, es muy probable que el resultado de dichos pasos es que vivamos insatisfechos, lo cual se denota en esa enfermedad casi incurable a la que denominamos estrés. Bajo dicha perspectiva no se trata de mirar que influencia nos esta cobijando más que otra, sino de encontrarle a nuestras coexistencias un nuevo sentido que este más relacionado a valorar todo lo que somos, tenemos y hacemos ósea a encontrarle aprecio a la vida y no a seguir buscando dinero para ponerle precio a nuestros placeres.

Una perla cotidiana nos argumenta que “la naturaleza ha hecho al hombre feliz y bueno, pero la sociedad lo deprava y lo hace miserable”.

Cuentan que en una cotidianidad un par de hombres debatían al respecto de la importancia que tenia el pensamiento occidental sobre el mundo, a lo que el otro que prefería el pensamiento oriental y su influencia le debatía más y más. Por lo cual y una vez el primero hablo de todos los adelantos tecnológicos que se tenían como producto de ese pensamiento occidentalizado, el segundo concluyó su reflexión con esta visión: mientras el occidental ve todo lo sagrado como algo bello, el oriental ve lo sagrado y asume lo bello del todo.

Y aunque parece un juego de palabras lo cierto es que el pensamiento occidental se caracteriza por ser exageradamente superficial buscando siempre encontrarle el placer a las cosas mientras que el pensamiento oriental por el contrario parece intentar entender el placer de la vida y en eso se satisface, quizá por ello es mas fácil encontrar en occidente que en oriente una insatisfacción ilimitada.

El Texto de Textos nos revela en Efesios 4:1, “os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados, con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras …

COTIDIANIDADES…

¡nos transformaremos!