El Texto de Textos nos revela en Eclesiastés 1:11, “No hay memoria de lo que precedió, ni tampoco de lo que sucederá habrá memoria en los que serán después”.

Se dice que nuestro calendario el Greco-romano como otros parte de que el día tiene 24 horas, que es el tiempo en que la tierra le da la vuelta al sol, que la semana tiene siete días porque fue el tiempo en que el Creador hizo este universo, que el mes tiene entre 29 y 31 días lo que tiene que ver con los ciclos lunares y el año 365 días aproximadamente que es el tiempo en que la tierra hace el giro de la orbita en su sistema. Sin embargo estos conceptos Romanos, Griegos, Egipcios y de los antiguos Babilonios que además de dividir los tiempos les asignaron nombres a esas fechas, teniendo en cuenta a sus deidades y creencias más importantes.

Así es como aun hoy estos diferentes astros errantes bautizan nuestras agendas con sus nombres propuesta que fue liderada en esos días por Dio Cassius, un historiador cristiano del siglo III quien siguió la tradición de esos astrólogos que habían asignado las veinticuatro horas de cada día de la semana a los siete objetos celestiales en una secuencia cíclica. Visión pagana que nos legó y que aun hoy predomina en algunas de nuestras idolatrías inconscientes.

Se dice que él asigno la primera hora del primer día de la semana a Saturno y las siguientes a Júpiter, Marte, el Sol, Venus, Mercurio y la Luna respectivamente. Así la octava hora del primer día volvió a ser asignada a Saturno, y también la decimoquinta y la vigesimosegunda. Siguiendo ese ciclo predominante durante todas las horas y días de la semana, por lo cual las primeras horas de los días siguientes fueron asignadas al Sol, a la Luna, Marte, Mercurio, Júpiter y Venus respectivamente.

Adicionalmente cada día de la semana recibió el nombre del planeta que tenía asignada la primera hora. Así, la secuencia de los días quedó en: Saturno, Sol, Luna, Marte, Mercurio, Júpiter y Venus, que corresponde a  nuestros días sábado, domingo, lunes, martes, miércoles, jueves y viernes. Y aunque existen otra serie de costumbres y ritos que alimentan nuestras creencias como las del pueblo Judío, lo cierto es que no fue el caso del sábado o Shabbat, su principal día, sino que se priorizó el domingo, debido a que fue el día de la resurrección de Cristo.

Los meses por su parte recibieron el nombre según su número. Sin embargo el ego de Julio Cesar y luego de Augusto como emperadores Romanos, hicieron que noviembre no fuera ya el noveno, ni diciembre el decimo por ejemplo. Pero lo trascendente a reflexionar tiene que ver más con si inconscientemente seguimos honrando a deidades desconocidas y quizá por ello conscientemente nos fundamentamos en ello para no entregar todos nuestros días y meses y vida como debe ser, para honrar a nuestro Creador.

El Texto de Textos nos revela en Efesios 5:15, “Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, 16 aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos”.

Oremos a diario para consagrarnos al Creador.