No podemos negar que entre los seres humanos hay una serie de vistosas diferencias que aunque se expliquen por temas de territorialidad e incluso genética, nos llevan a presumir que esos aspectos de forma son de fondo, sin embargo y si nos permitimos una reflexión más profunda nos vamos dando cuenta que el tema es otro, se trata de no ser indiferentes y menos a esos aspectos que nos han llevado a presumir por ejemplo que quienes no tengan nuestro mismo color de piel no tienen nuestros mismos derechos. Lo sano es comprender que todo se debe a sesgadas percepciones históricas que han prevalecido como fruto de nuestras milenarias ignorancias pero que esas alucinaciones deben ser trasformadas para que a la vez se proyecten cambios en nuestros sentidos de vida.

Una perla cotidiana de Morley nos dice que “solamente hay un éxito: poder vivir la vida a nuestro gusto”.

Cuentan que cuando el exitoso investigador regresó al alma mater en donde un día fue expulsado porque consideraban sus revolucionarias teorías como dañinas, se sorprendió cuando algunos de esos colegas que un día lo criticaron ahora lo aplaudían y hasta le decían sin ningún tipo de vergüenza que anhelaban retornara al alma mater para compartir con ellos estos nuevos conocimientos. Así que una vez tuvo la posibilidad de referirse a ellos les dijo: – he aprendido que la idea de que algunas vidas importen menos que otras, es la raíz de todo lo que esta mal en este mundo”.

Tristemente estamos sumidos en costumbres que nos incentivan a las clasificaciones y a las calificaciones por lo cual bajo esos criterios llegamos a suponer que unas personas e incluso seres vivos valen más que otros, generando con ello no solo discriminación sino una serie de divisiones que hacen casi imposible que nos apoyemos los unos a los otros, ya que hay quienes se sienten solo dignos de ser servidos.

El Texto de Textos nos revela en Lucas 15:7, “os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…

COTIDIANIDADES…

¡nos transformaremos!