El Texto de Textos nos revela en Génesis 1:1, “En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu del Creador se movía sobre la faz de las aguas. Y dijo el Creador: Sea la luz; y fue la luz. Y vio el Creador que la luz era buena; y separó el Creador la luz de las tinieblas”. 

El primer texto de la Biblia nos denota que, hay un principio, una Creación y un Creador por lo que no deberíamos tener tantos cuestionamientos al respecto y menos el dejar que nuestras mentes y sus elucubraciones divaguen en tantas incertidumbres innecesarias. Por lo que cuando las milenarias dudas inconscientes intenten sofocarnos, debemos atenernos a la Biblia, al Texto de Textos, a la Torá, sabiendo que allí podemos encontrar si así le permitimos al Espíritu Santo la guía para llenarnos de todas las certezas referentes a nuestras vidas.

En dicho manual de vida entregado directamente por nuestro Creador a nosotros a través de Moisés y luego complementado ilustrando las mentes de profetas, enviados y seres dignos de ejercer esta labor, se nos explica incluso el cómo organizar nuestras vidas en este planeta tierra, de tal forma, que nuestras relaciones e interacciones propendan por una armonía e integridad que solo podemos experimentar con la guía del Espíritu Santo.

Y aunque algunas de nuestras creencias regularmente se oponen a que tomemos ese único camino de Jesucristo como salvador y redentor, demarcado desde el principio de nuestra especie, hasta que naturalmente llegue el final de este proceso llamado vida material, lo cierto es que en cada versículo se nos manifiesta la prioridad de dejarnos de distraer en cosas terrenales materiales y enfocar todas nuestras potencialidades para volver a integrarnos a una Creación que es eterna y de la cual queremos enterarnos muy poco.

Reconectarnos con el Creador para ir más allá de todo aquello que confunde incluso nuestra espiritualidad para que no sea la temporalidad, la territorialidad o sea lo físico material lo que con su ley de la gravedad por ejemplo, nos distorsione mentalmente con recuerdos o expectativas efímeras, es quizá la tarea más importante que nos debemos trazar antes que este corto sueño virtual con todas sus ilusiones finiquite y hayamos perdido esta maravillosa oportunidad de hacernos conscientes de esa magnánima inconciencia.

Ha llegado el momento eterno de saber que todo en esta Creación se encuentra conectado y que cada molécula de nuestro ser esta interconectada con nuestro cuerpo, no solo entre sí, sino con cada átomo de este universo, por lo cual desde lo individual hasta lo general todos debemos actuar para el bien, no solo de nuestro organismo, sino de la misma Creación, lo que quiere decir que debemos reconocer que todos nosotros estamos integrados y que desde dicha perspectiva debemos reorientar nuestras vidas.

El Texto de Textos nos revela en Apocalipsis 22:20, “el que da testimonio de estas cosas dice: Ciertamente vengo en breve. Amén; sí, ven, Señor Jesús”.

Oremos para que dejemos de culpar a los otros y nos sumemos como un nosotros.