El Texto de Textos nos revela en Isaías 40:8, “la hierba se seca y la flor se marchita, pero la palabra de nuestro Creador, permanece para siempre”.

Si aceptamos que somos el fruto de la palabra del Creador y de su narración a través de la cual creó todo lo bueno y bello, es porque ya tenemos claro que desde el mismo vientre de nuestras madres al escuchar sus frases vamos consolidando lo que más adelante reconoceremos como nuestro lenguaje y con él, la vida. Por lo que a medida que adquirimos más conocimientos lingüísticos, dichos conceptos y sus imaginarios van dándole un sentido a nuestras existencias y a las relaciones e interacciones que a través de ellas se entretejen.

Somos creador por la Palabra, Adam le dio nombre a las cosas, usando los veintidós patrones, letras o vasijas espirituales que se tradujeron luego en objetos e ilusiones. Razón de peso quizá para que en el Hebreo no exista el concepto de objeto sino el de palabra, esa que le da vida y forma a estos. Y aunque con el paso del tiempo han habido variaciones gráficas como las que hacen las cinco sofit para hablar de veintisiete leyes, mediante las cuales somos activados, lo cierto es que ese lenguaje divino Creador, bueno, sigue haciendo parte de nuestra realidad a través de nuestro propio ADN.

Las veintidós formas regulares y las cinco formas finales de dicho alfabeto Hebreo son si se acepta esta comparación, los ladrillos que estructuraron lo que hoy percibimos como Creación, así que esta palabra, es también la mejor forma de entender nuestras vidas y poder acercarnos con más facilidad gracias a sus destellos, conscientemente al Creador. Él con su palabra llena de sabiduría nos incita a la obediencia para que con esas mismas letras guiarnos haciendo que estas revestidas de sonidos, fonemas, imágenes audibles y conceptos consoliden una realidad, que a diferencia de la actual nos llene de su armonía.

Aprender, atender, entender y compenetrarnos de la Palabra del Creador implica entonces vivir a través de esos mandatos traduciéndolos en comportamientos coordinados por un ser al que su mente iluminan estas luces divinas y por ello, luego expande esos destellos a sus entornos en el propósito de darle otro sentido a este mundo. Más por el mal uso de nuestro lenguaje nos recreamos en nuestras inconciencias desconectándonos de ese mundo superior, alejándonos además de reconocernos como hijos del Creador y hermanos.

Así que replanteemos el uso que le estamos dando a esas mismas letras que se imprimieron en nuestro ser en forma de palabras e imágenes que cual fotografías enmarcan nuestras vivencias pero que por ser percibidas solo como ilusiones no logran llenar el vacío interior que urge de ser iluminado plenamente con la Palabra del Creador, esa que es energía, luz, que nos creo y que nos reintegrará plenamente a Él una vez le demos el uso correcto que perdimos al desconectarnos de Él retroalimentándonos de los frutos del árbol del conocimiento del bien y del mal.

El Texto de Textos nos revela en Mateo 4:4, “Jesús le respondió: – escrito está: no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca del Creador.”

Oremos para que cada letra y signo nos revele la verdad de la Palabra Creadora.