Hay conceptos que aunque parecen ser solo del orden científico realmente hacen parte de nuestras pequeñas realidades y es que aunque nos percibamos como enormes seres y bajo esa lógica le damos demasiada importancia a algunas cosas de este mundo, lo cierto es que somos pequeñísimas partes de un gran todo al que denominamos universo al cual en su infinita proporción ni siquiera comprendemos, pese a poder observar en las noches pequeños destellos de este y de las estrellas que lo adornan. Lo ideal es entonces no solo percibirnos como parte integrales de este gran cosmos sino como aportantes al mismo dando a cada instante de lo mejor de nosotros para que todo fluya en la armonía que debe ser.

Una perla cotidiana de Lennon afirma que, “lo que importa no es pensar en el pasado ni en el futuro. Lo más importante es cargar con el ahora”.

Cuentan que algunos estudiosos de la Geometría factral, están intentando que comprendamos que la geometría ya no tiene formas exactas sino que estas pese a ser complejas en su todo contienen la mínima expresión del todo, lo cual demuestran por ejemplo con una pequeña rama de brócoli que al colocarla en el microscopio nos demuestra que la mas pequeña partícula de este contiene toda la forma de la planta.

Valiosa apuesta que nos invita a comprender que en la más pequeña molécula de nuestro ser se encuentra el genoma esencial de nuestra vida, lo cual incluso se puede corroborar cuando algunos investigadores con un simple cabello nuestro pueden recrear y hasta clonar lo que fue y seguirá siendo nuestro cuerpo y aunque también esta demostrado que a esos genes les falta el hálito de vida para poder ser, no por ello se puede negar que en cada mínima partícula se encuentra la misma esencia de la Creación.

El Texto de Textos nos revela en Lucas 11:28, “bienaventurados los que oyen la palabra del Creador y la guardan”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…

COTIDIANIDADES…

¡nos transformaremos!