Si nos diéramos un tiempo diario para reflexionar al respecto de nuestras acciones y omisiones y los efectos de estas tanto en nosotros como en los seres con los cuales interactuamos constantemente, posiblemente empezaríamos a descubrir una serie de errores que adicionalmente no solo deberíamos trasformar sino a la vez enmendar debido a que pueden estar haciéndole daño a esas personas con que nos interrelacionamos y que aunque no nos digan nada, están siendo afectadas por esas nuestras fallas. Y es que hay ocasiones que denotamos darle más importancia a una serie de electrodomésticos o aficiones que a esas personas que consolidan nuestras coexistencias y a las que deberíamos entregarle lo mejor de nosotros y por ende mayor importancia, que a esos otros distractores que realmente no merecen ningún tipo de relevancia.

Una perla cotidiana nos argumenta que “la única persona que no se equivoca es la que nunca hace nada”.

Cuentan que en una cotidianidad la pareja no se entendía ya muy bien por lo que el terapeuta al que asistieron les solicitó que empezaran a escucharse, dejando a un lado ese énfasis en cuanto a tiempos e importancia que le venían dando a ciertos electrodomésticos como la televisión, el celular o el equipo de sonido, haciéndoles comprender además que aunque ellos no lo creyeren eran esos distractores los que les estaban generando distanciamientos que se traducían en que aunque aparentemente se oyeran, no se escucharan y menos se entendieran. Finalmente el experto les rogó que en vez de culparse, cada uno empezara a vislumbrar; qué cosas no habían hecho de la mejor manera posible y podían y debían trasformar.

Y es que parece muy simple el juzgar a los otros y hasta recriminarles por lo que consideramos debían hacer y no hacen, pero es un poco más complejo el reconocer en qué nos estamos equivocando y además el entender la forma como podemos aportarle a la vida de esos otros con el fin que todos crezcamos, lo que hace que antes de pedir aprendamos a dar.

El Texto de Textos nos revela en Juan 1:11, “a lo suyo vino y los suyos no le recibieron”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras …

COTIDIANIDADES…

¡nos transformaremos!