El Texto de Textos nos revela en Génesis 1:14, “Dijo luego el Creador: Haya lumbreras en la expansión de los cielos para separar el día de la noche; y sirvan de señales para las estaciones, para días y años, 15 y sean por lumbreras en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra. Y fue así”.

Todo cambia, dicen los cabalistas, gran enseñanza que nos da el tiempo para que con dichas transformaciones nuestras costumbres también lo hagan y que maravilloso que comprendamos que cada día nos presenta una maravillosa oportunidad para acercarnos al Creador y cambiar: alabándole, honrándole, amándole, con pensamientos, palabras y acciones que denoten que valoramos más las vidas de nuestros próximos.

Cambios que en ocasiones nos desorientan, por ello quienes se regulan por los meses hebreos nos dicen que estos nacieron de los cálculos de los antiguos sabios que estudiaron con sus conocimientos astronómicos la duración exacta del ciclo de la luna en torno al planeta Tierra, ciclo de 29 días, 12 horas, y 44 minutos, 3.33 segundos. Lo que se tradujo en que el calendario hebreo estipulara meses de 29 y de 30 días, intercaladamente.

Cambios de tiempos y denominaciones que tuvieron sus orígenes en la antigua Babilonia. Asimilación que se adopto por los judíos allí desterrados por el rey Nabucodonosor y que se funden con visiones fenicias, que seguramente se articularon a contextos producto de relaciones comerciales entre el Rey Salomón y el Rey Hiram de Fenicia. Cambios y conceptos que nos recuerdan que el primer mes, Nisán, hoy Tishréi es una hermosa oportunidad para lograr cambios diarios que implican transformarnos amorosamente.

Cambios que no han logrado finiquitar la festividad de Iom Kipur que en el día décimo del nuevo año proyecta dos días para Rosh Hashaná, uno de Iom Kipur, siete de Sucot y uno de Sheminí Hatzeret, dándole al primer mes una perspectiva de cambio interior acorde a las enseñanzas del patriarca Moisés. Y aunque los cambios siguen alterándonos con sus simbologías, este mes séptimo para algunos y su signo de la balanza, nos reitera a través de sus dos platillos pendientes que cada persona será juzgada por sus actos delante del Creador, quien pesará nuestras faltas y buenos actos que tengamos.

Así que si queremos cambiar aprendiendo de estas costumbres asumamos cada día como una oportunidad de arrepentimiento, atendiendo el mensaje de amor de Jesucristo quien ansía que nos retractemos de nuestros malos actos. Por lo cual cada día es propicio para que Él reciba nuestra Teshubá rápidamente y pese a los cambios de los tiempos aumentemos nuestros rezos y oraciones y cuidemos de cada detalle de las Mitzvot o mandatos del Creador ahora más que nunca para que los cambios sean a favor y no en contra de dichos preceptos divinos.

El Texto de Textos nos revela en Apocalipsis 21:9, “Vino entonces a mí uno de los siete ángeles que tenían las siete copas llenas de las siete plagas postreras, y habló conmigo, diciendo: Ven acá, yo te mostraré la desposada, la esposa del Cordero. 10 Y me llevó en el Espíritu a un monte grande y alto, y me mostró la gran ciudad santa de Jerusalén, que descendía del cielo, del Creador”.

Oremos para que con el cambio de los tiempos nuestras transformaciones sean para acercarnos más y más al Creador.