En el mundo de los sueños e ilusiones en el que trasegamos más comúnmente parece casi natural que ante algunas pruebas desfallezcamos, excusándonos en el cansancio e incluso en la mala suerte, sin embargo, miles de seres humanos nos demuestran que desfallecer no es la mejor perspectiva y que por el contrario hay que continuar y recibir la lección que nos entrega cada uno de esos momentos vividos, sumando con dichas experiencias, crecimiento y metas que se traducen en degustar de la vida y encontrarle desde esa lógica deguste a cada interacción. Sí todo un propósito para que cada interrelación a la cual nos sometemos nos aporte. Por ende lo más sano entonces frente a aquellas circunstancias en donde sintamos el deseo de desfallecer, es hacer un pequeño alto en el camino, recuperando nuestras fuerzas y tranquilidad mental y luego sí, proseguir.

Una perla cotidiana de Rousseau asegura que, “la humanidad debe gran parte de sus desastres al primero que cercó un terreno y dijo: esto es mío”.

Cuentan que en sus cotidianidades Reepicheep, el firme ratoncito de las Crónicas de Narnia escritas por CS Lewis nos enseña a no desfallecer, y es que este simpático personaje, de acuerdo a esta historia decidió llegar hasta el extremo este y unirse al gran Leo Aslam reiterándose continuamente: “mientras pueda navegaré al este en el viajero del alba, cuando me falle, voy a remar hacia el este en mi barquilla, y cuando ella se hunda, nadaré hacia el este con mis cuatro patas y, cuando ya no pueda nadar si no he llegado al país de Aslam, me hundiré apuntando con mi nariz hacia la salida del sol”.

Maravillosa enseñanza que nos invita a comprender que hay que proseguir hasta llegar a la meta sin desfallecer, sin importar las muchas barreras que se nos coloquen en el camino, entendiendo que la meta es la misma eternidad, la cual en el fondo es el premio supremo de todos los que le encuentran sentido a esta vida y a sus armónicas interrelaciones.

El Texto de Textos nos revela en Filipenses 3:13, “Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento del Creador en Cristo Jesús.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras …

COTIDIANIDADES…

¡nos transformaremos!