El Texto de Textos nos revela en Isaías 1:18, “venid luego, dice el Creador, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana. 19 Si quisiereis y oyereis, comeréis el bien de la tierra”.

Comprender que existe un mundo espiritual y que esa es la fuerza que une todas las almas en una unidad única y maravillosa es quizá una de los aprendizajes más importantes a los que deberíamos aspirar, y ello solo se logra gracias a un profundo examen interno y al apoyo del Espíritu Santo. Quizá por ello algunas personas del pueblo judío en fechas como el día del perdón usan ropa de color blanco como un símbolo en el que todos nuestros deseos como seres humanos se logren envolver con la Luz de Sabiduría eterna.

Desde esa mirada el ayuno como costumbre debe expresar la especial sensación de vacío que sentimos cuando nos enfrentamos a esa Fuerza Superior interior. Vacío espiritual que parece material y que nos demuestra la falta del atributo divino y de entrega hacia Él que nos sofoca. Por eso el ayuno debería ser más que un acto para restringir nuestros deseos o privarnos momentáneamente de recibir un placer, un espacio para revisar y trasformar todos esos comportamientos egoístas que nos lideran.

Desde la Cábala el ayuno significa el ideal de llegar a un elevado estado espiritual de encuentro con el Creador. por lo que no se percibe este como un acto de sufrimiento o tormento, sino, como un estado que alienta y eleva el Alma. Cuando comprendemos qué el mundo nos separa de la sensación de integridad con el Creador, se hace necesario asumir una serie de cambios, correcciones que nos llevan además a indagar al respecto de transformaciones internas para alcanzar dicho estadio holístico e integral.

Así es como el ayuno se acompaña de oraciones en donde debemos ser autocríticos no tanto para incriminarnos sino para reconocer que aun a través de nuestras omisiones, fallamos y debemos corregir y enmendar. Lo que significa que nuestros futuros pensamientos, palabras y acciones se dirijan al beneficio común y no al propio. Estado de tranquilidad que nos denota que estamos conectándonos con la misma fuerza general de la naturaleza, con el Creador y por ende nutriéndonos de Él.

Cada oración, acto de perdón o  ayuno debe integrarnos al Creador y su obra y es allí en donde cada letra, cada signo, cada parte de este mundo Sefiritico como lo gen los cabalistas implica un diario proceso espiritual de crecimiento en donde debemos redescubrir a cada instante el amor del Creador en nuestro interior, logrando con ese amor propio el vernos como partes de un todo lo que se traduce en aportarle a quienes nos necesitan y no a apartarles. Ayunar es por ende una oportunidad de corregirnos y así ayudar a corregirse a otros próximos.

 

El Texto de Textos nos revela Hechos 14:23, “después que les designaron ancianos en cada iglesia, habiendo orado con ayunos, los encomendaron al Señor en quien habían creído”.

Oremos para convertir nuestros ayunos en acciones de amor.