Nuestro día a día esta compuesto de hábitos, algunos de los cuales han sido programados por nuestros ancestros desde hace varias generaciones, lo cual hace que esa conducta sea un poco más compleja tanto de advertir como de trasformar. Sin embargo ello no es óbice para que nos quedemos quejándonos de dicho mal hábito y no hagamos nada para transformarlo. Y es que una vez somos conscientes que esa costumbre no nos hace mayor bien, estamos empezando el proceso de cambio, que implica luego reemplazar esa palabra, pensamiento o acción por otra actitud que consideramos sana y positiva hasta que logremos desprogramar dicha mala costumbre y más bien reiterarnos en aquellas acciones que consideramos aportarán a nuestro crecimiento integral como seres humanos.

Una perla anomia nos comenta: “quizá te des cuenta algún día que la vida no exigía tanto de ti, tanto sacrificio, tanto cansancio; tal vez solo te pedía que fueras feliz”.

Cuentan que en las cotidianidades de Cicerón, este habló de una serie de errores históricos de la humanidad, y entre ellos escribió como dignos de no repeti: “creer que el ganar seguía consistiendo en hacer perder a otros, o el preocuparse por cosas que no podemos ni cambiar ni controlar, o el insistir en que algo es imposible solo porque alguien no lo ha hecho, o el rehusarse a dejar de lado diferencias triviales, o incluso negarse al desarrollo y el refinamiento de la mente, así como el forzar a otros a pensar y a vivir como nosotros.

Y aunque estas recomendaciones se nos escribieron ya hace bastante tiempo, tristemente se nota que seguimos sin atenderlas y lo más preocupante es que no solo continuamos reiterándolas sino magnificándolas haciendo que nuestras vidas en vez de ser armónicas parezcan caóticas. Es tiempo entonces de reconocer esos errores, corregirlos en nuestros hábitos y a la vez enmendarlos para que las nuevas generaciones no continúen en dichos malos pasos.

El Texto de Textos nos revela en Colosenses 1: 9, “Por lo cual también nosotros, desde el día que lo oímos, no cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual, para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento del Creador”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras …

COTIDIANIDADES…

¡nos transformaremos!