El Texto de Textos nos revela en Isaías 45:12, “ Yo hice la tierra, y creé sobre ella al hombre. Yo, mis manos, extendieron los cielos, y a todo su ejército mandé”.

Si las letras son luz que ilumina nuestro lenguaje y ello se traduce en lo que reconocemos como realidad, se hace necesario ir a los estudiosos de la Torá y revisar los significados de cada letra original que hablan de unidad y principio, cimientos de todas las cosas del mundo. Desde esos y otros estudios la primera letra de dicho alfabeto Alef, se relaciona con el mismo Jesucristo y sobre ella se inscriben las diez Sefirot, así como el Tetragrama que desde su valor numérico: IHVH, nos insinúa la descomposición jeroglífica de la letra alef. Análisis que compara esta letra con el hombre regenerado, el cual participa tanto de este mundo como del mundo por venir.

Quienes perciben en esas letras originales un cuerpo que necesita ser animado por el Espíritu, nos reiteran que estas son más que imágenes muertas y que nuestro laberinto intelectual sin estas luces no encuentra una salida. Por ello cuando las letras reciben el influjo del alma del mundo, entonces nos anuncian todo. Desde esas lecturas la letra del alfabeto hebreo א, alef, por ejemplo, equivalente a la vocal A del castellano y simboliza entonces el número uno, ese que aduce la fuerza divina penetrante, la que fecundará a otras letras para darles un sonido y recrearnos así el mundo material.

Quienes le dan a esta letra la particularidad de ser la que corresponde al primer día de la creación, que dio la separación de la luz y las tinieblas, le abrogan igualmente el dar origen de las transformaciones sucesivas e incesantes que dan la vida y movimiento al universo. Por ello asocian a esta letra original a las ideas de novedad, talento, energía, actividades múltiples, inteligencia, destreza, sí el comienzo de algo, lo que para otras personas tiene que ver con audacia e iniciativa hasta para cambiar de dirección.

Todo ello conlleva a que la raíz Alaf, Alaph, signifique familiarizarse, habituarse, cultivar, aprender, semejar; y por extensión, enseñar, multiplicar y producir y, que la raíz Elef, Eleph, signifique buey, ganado, familia, mil, mientras que la raíz Aluf, Alouph, amigo, familiar, cultivar, conducir y gobernar un grupo o una familia, perspectiva que le da al número uno una asociación con la letra Alef y para quienes estudian estas artes ese concepto de unidad e individualidad, esa divinidad que contiene todo y de donde todo proviene. Así es como quienes visionan este tipo de significados dicen que el número uno surge de la nada en silencio y es la plenitud del vacío ya que a partir de Él surge el movimiento y por ende lo Creado.

Quizá por ello la forma de la letra corresponde a una cabeza de buey con sus cuernos simbolizando la fuerza pacífica y la calma. La grafía de la alef, se puede descomponer en una vav, que forma la diagonal izquierda-derecha y en dos iods. Así que se cree que a través de ella el mismo Creador dibujó al hombre según las formas de este mundo y del mundo por venir. Alef como símbolo de la unidad, del principio, de la continuidad, de la estabilidad, de la equidad traduce ese nexo entre los mundos superior e inferior, entre la tierra y el cielo, entre el mundo y el cosmos.

El Texto de Textos nos revela en Juan 8:58, “ Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy”.

Oremos para todo nos manifieste que somos hijos del Creador.