El Texto de Textos nos revela en Jeremías 23:24, “¿Se ocultará alguno, dice Jehová, en escondrijos que yo no lo vea? ¿No lleno yo, dice Jehová, el cielo y la tierra? 25 Yo he oído lo que aquellos profetas dijeron, profetizando mentira en mi nombre, diciendo: Soñé, soñé. 26 ¿Hasta cuándo estará esto en el corazón de los profetas que profetizan mentira, y que profetizan el engaño de su corazón?”

Se cree que somos más conscientes cuando adquirimos conocimientos y colocamos estos en práctica para el mejoramiento de nuestras vidas. Conceptos que se construyen con nuestro lenguaje, el cual se fundamenta en unos códigos o letras que al combinarse nos comunican y relacionan, lo que se traduce en que nuestro sentir, pensar y obrar puede ser cada vez más consecuente con esos conocimientos que a diario adquirimos y con los cuales trasformamos nuestras coexistencias.

Hacemos parte integral de un mundo que interactúa perfectamente para promover la vida y en el que inconscientemente nos movemos pero que en sus diferentes dimensiones afecta nuestro ser, emociones, ideas, pensamientos y a ese mismo lenguaje que se intenta articular con todo este maremagno de intercambios moleculares a través más que de un cuerpo, de un alma, que cumple con el rol de vincularnos a esa Creación a la que debemos integrarnos más cada día.

Así que hay una interrelación del Espíritu del Creador con nosotros, no solo en lo que tiene que ver con esa anatomía biológica sino con otra realidad más elevada que se manifiesta a diario, pese a que no le reconocemos, lo que nos insinúa la necesidad de permitirnos adquirir nuevos conocimientos, más amplios en estos aspectos, que nos hagan conscientes de todo lo que ello significa y de los aportes que para nuestras vidas tiene esa otra perspectiva divina.

Los entendidos nos hablan por ello de una dimensión Keter, que dentro de las diez Sefirot del Árbol de la Vida implica el acceso a una especie de súper consciencia a la que nos podemos acercar para que nos guie y reoriente en lo que tiene que ver a nuestras nuevas decisiones, esas que inconscientemente han cogobernado nuestras vidas, provocando una serie de efectos que quizá vamos reconociendo como alejados de la armonía universal.

Como partículas de esta Creación de la cual nos fragmentamos voluntariamente y que reconocemos como mundo subjetivo, ilusorio y hasta etéreo debemos atender los mensajes que cada una de esas reacciones físicas, emocionales, mentales, verbales, gestuales e interrelaciónales nos aportan intentando que nuestras nuevas vivencias le den una razón de ser y otros propósitos menos mercantiles a nuestras coexistencias, percibiendo desde esta búsqueda los destellos que revestidos de información nos deben reconectar con nosotros mismos y luego con la dimensión objetiva y verdadera del Creador.

El Texto de Textos nos revela en Hechos 17:29, “siendo, pues, linaje del Creador, no debemos pensar que la Divinidad sea semejante a oro, o plata, o piedra, escultura de arte y de imaginación de hombres”.

Oremos para que desde nuestra corona hasta los pies nos hagamos conscientes de tantas inconsciencias que nos separan del Creador.