Se cree que cuando estamos prestos a perder algo especial para nuestra vida, es cuando realmente le damos el valor que ese algo merecía. Sin embargo no faltan quienes prefieran suicidarse porque no logran comprender esta perdida. Lo cierto del caso es que la vida es un don por el cual no hemos hecho nada y que como regalo estamos llamados a cuidar pero sobre todo a degustar. Y es que aunque poco o nada comprendemos en toda su dimensión lo que significa vivir, deberíamos por lo menos asimilar que es un Presente al que tristemente le hemos querido colocar precio pero que realmente solo necesita de nuestro aprecio. Así que sigamos cosechando en este mundo con nuestras semillas de vida para que los cultivos de amor que deben proliferar para alimentar nuestras coexistencias den cada vez más y más frutos.

Una perla cotidiana nos invita a “no dejar que nuestros pensamientos se vuelvan negativos”.

Cuentan que en una cotidianidad, una persona que observaba como un agricultor presumía de tener los mejores campos y por ende; prosperar más que sus vecinos debido a tan buenas cosechas, fue invitado a tomarse un café por uno de esos vecinos a los que él de alguna manera menospreciaba pero al que le reconocía su humildad y respeto, quien ya en privado le recordó que: – la vida no ésta tanto en el sembrador como sí en la semilla.

Valida apreciación que no invita a comprender que hacemos parte integral de una Creación que nos ha dotado de la vida, de la cual entendemos poco, pero a la que nos debemos, siendo obligatorio entonces que la valoremos, la respetemos, la cuidemos, la honremos y lógicamente la prolonguemos comprendiendo eso sí que ella se nos puede quitar cuando menos lo pensemos, lo que quiere decir que no somos dueños de ella, ni de nada.

El Texto de Textos nos revela en Oseas 14:2, “Llevad con vosotros palabras de súplica, y volved al Creador, y decidle: Quita toda iniquidad, y acepta el bien, y te ofreceremos la ofrenda de nuestros labios”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras …

COTIDIANIDADES…

¡nos transformaremos!