El Texto de Textos nos revela en Isaías 12:2, “he aquí el Creador es salvación mía; me aseguraré y no temeré; porque mi fortaleza y mi canción es el Creador, quien ha sido salvación para mí”.

 

El orar nos debe incitar a reflexionar profundamente al respecto de cómo integrarnos más y más al Creador. Él quiere otorgarnos bienestar que poco o nada tiene que ver con esas carencias que visualizamos desde lo material económico y que solo consolidan anhelos ilusorios de algo de lo cual nunca podremos ser si quiera ser dueños, debido a que somos mayordomos de una vida en donde aducimos tener necesidades insatisfechas que traducimos en dolor y sufrimiento, lo que a su vez nos distancia de ese Creador que quiere que a través de nuestras oraciones recibamos sus verdaderas bendiciones espirituales.

La dimensión espiritual nos enseña que cada necesidad se inscribe en la intención de Él de otorgarnos algo bueno, de satisfacer unos anhelos para obtener lo deseado, más esas búsquedas engañosas mercantiles nos confunden, lo que nos debe invitar a orar pero para que entendamos nuestras verdaderas necesidades y reorientemos nuestros deseos con respecto a ellas y así nuestras plegarias sean para reintegrarnos a la Creación. La voluntad de nuestro Padre Celestial es nuestro bienestar pero mientras nuestros deseos egoístas busquen el mal de nuestros propios hermanos nuestras peticiones seguirán confundiéndose con nuestros egos.

La cábala nos reitera que la diaria tarea de orar nos invita a sabernos parte, a recibir la luz del Creador, esa que debe aclarar algo más que nuestra mente, permitiéndonos interpretar las manifestaciones divinas como nos lo vislumbra el Texto Sagrado. Cada versículo acompañado de oraciones aplicado conscientemente dentro de nuestras acciones debe remover hasta nuestras entrañas para darle un nuevo significado a nuestras existencias y con ello una nueva visión a la vida logrando así aceptar esos propósitos divinos superiores.

La  Biblia y su sabiduría acompañada de oración es la herramienta indispensable para reencontrarnos con esa otra conciencia, con otra realidad, esa de la que percibimos tan solo un pequeño porcentaje pero que realmente esta inserta en todo lo que nos rodea y de la cual vivimos desafortunadamente aislados. Se trata entonces de lograr que nuestras oraciones nos permitan comprendernos como parte de las estructuras de un mundo espiritual que estamos llamados a alcanzar a través de lo material.

Cada precepto que cogobierna nuestro mundo y universo nos debe llevar a vivir plenamente satisfechos con el todo por ende cada área de nuestras vidas debe cumplir ese fin. No es coherente que usemos nuestras palabras para denigrar de una vida que como regalo, no apreciamos. Y no es un tema de doctrinas, ideologías o religiosidad sino de sabernos parte para que nuestro corazón y sus necesidades verdaderas nos proyecten otros deseos que ya no se proyecten como búsquedas exteriores que no logran llenar el vacío existencial que nos sofoca y que solo refleja la ausencia de nuestro Padre Celestial.

El Texto de Textos nos revela en Mateo 6:5,y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público”. 

 

Oremos en todo momento y lugar, dando siempre gracias por todo y por todos.