El Texto de Textos nos revela en Levítico 23:34, “habla a los hijos de Israel y diles: A los quince días de este mes séptimo será la fiesta solemne de los tabernáculos al Creador por siete días. 35 El primer día habrá santa convocación; ningún trabajo de siervos haréis. 36 Siete días ofreceréis ofrenda encendida al Creador; el octavo día tendréis santa convocación, y ofreceréis ofrenda encendida a Jehová; es fiesta, ningún trabajo de siervos haréis”.

Nos reiteramos en rutinas, conductas, comportamientos y actividades que transferimos a las nuevas generaciones, algunas de las cuales no son de buen ejemplo para sus vidas, especialmente si revisamos aquellas que no incentivan a promover esos principios y valores históricos que extraídos de los preceptos y mandatos divinos deben ser nuestro manual de vida. Se trata de denotar a través de nuestras diarias búsquedas familiares que siempre anhelamos el ser guiados por nuestro Creador.

Costumbres que además cumplen con otros fines, como lo es la del pueblo Judío y el Sucot o tiempo de alegría, que proyecta la necesidad de trabajar la tierra. Visión que tiene connotaciones agrícolas agradeciéndole siempre al Creador no solo por darnos esa labor y poder alimentarnos de esa cosecha para nuestra manutención. Celebración que se caracteriza por la construcción de una sucá, cabaña o tienda que representaba inicialmente la morada de Moisés durante 40 años pero también la de los agricultores que continuaron esta tradición. Lo maravilloso de este festejo es entender el rol del Creador en nuestras existencias y regocijarnos con su guía y provisiones.

La cábala nos invita a estar alegres, positivos y agradecidos desde que inicia el día y nos incita a dedicar más tiempo al Creador utilizando para ello la oracción. Hermosas costumbres que se acompañan en algunos casos de ritos en donde se agitan en todas las direcciones algunos manojos de ramas, llamados lulav y se comparte luego una fruta llamada etrog, simbolizando así la presencia del Creador en todas partes. Más quizá lo más valioso de estas creencias es el lograr que todos nuestros actos, pensamientos y palabras estén dirigidos a agradar a nuestro Padre Celestial.

Son tradiciones y algunas de ellas se remontan a costumbres de patriarcas que como Abraham nos motivan a pasar más tiempo en familia, leyendo y contando historias de las Sagradas Escrituras, complementando ese encuentro con alabanzas e incluso algo de danza. Bajo esa mirada intentemos preservar todas aquellas tradiciones que extraídas de la Biblia nos puedan servir para el fortalecimiento espiritual de nuestras comunidades.

En ese trasegar textos Bíblicos como Eclesiastés pueden servirnos además para orientarnos mejor en esas diarias tareas que debemos emprender para no desviarnos de rumbo en medio de sociedades en donde la cultura exageradamente comprometida con lo mercantil conlleva una tendencia a perder todo este tipo de solemnidades, esas que denotan no solo el respeto, la admiración, el temor sino el amor a nuestro Creador.

El Texto de Textos nos revela en Juan 7:1, “estaba cerca la fiesta de los judíos, la de los tabernáculos;y le dijeron sus hermanos: Sal de aquí, y vete a Judea, para que también tus discípulos vean las obras que haces. Porque ninguno que procura darse a conocer hace algo en secreto. Si estas cosas haces, manifiéstate al mundo. Porque ni aun sus hermanos creían en él”.

Oremos para que con nuestras diarias costumbres alabemos más al Creador.