El Texto de Textos nos revela en Proverbios 10:5, “el que recoge en el verano es hijo sabio, el que duerme durante la siega es hijo que avergüenza”.

Hay quienes sabiendo que recogerán lo que siembran, terminan cual victimas aduciendo que pagan un karma o que el Creador se esta vengando o les ha castigado eternamente, cuando lo que Él nos pide es que nos hagamos conscientes de nuestras decisiones y que midamos el reflejo o consecuencia de nuestras acciones. Es más, algunas culturas con tradiciones agrícolas celebran la llegada del otoño y con esta temporada la siembra en busca de buenas cosechas sabiendo que todo lo que se siembra, se recoge, lo que nos incita además a promover la unión familiar, el bienestar general y la armonía con el planeta.

Preocuparnos por el futuro es innecesario si atendemos esta máxima, que también nos recuerda que recibiremos de lo que demos. Así que ocupémonos de atender al Creador y seamos buenos mayordomos de todo lo que nos ha dado, especialmente de esos territorios de los cuales dependen nuestros sustentos. Atendamos además las enseñanzas de la naturaleza y asumamos que habrá tiempos para cultivar pero también para cuidar para al final recoger y hasta guardar para esos días en donde nuestro Padre celestial nos invita a depender más de Él.

Contrariamente si seguimos desconociendo estos y otros preceptos y además envenenando la tierra que nos produce nuestros alimentos, solo estamos sembrando depredación, obviando que somos un todo y que nuestros cuerpos y los entornos a los que ellos se deben son una especie de estaciones terrenales o templos del Espíritu, que nos permiten coexistir en este maravilloso planeta al que poco le prestamos atención, lo que tarde o temprano generará que esta diaria oportunidad de coexistir como humanos se pierda y quizá seamos llevados a otros estadios que ni siquiera sospechamos.

Aprendamos de cada época y de la vendimia, atendamos la armonía que no solo debemos buscar para nuestros cuerpos y familias sino dentro de todos esos entornos a los cuales estamos desatendiendo, restándoles la importancia que tienen y merecen, sin darnos cuenta que la destrucción inconsciente de este mundo por pequeña que parezca es a la vez la nuestra, ya que de este paraíso terrenal nos debemos retroalimentar a diario.

Atender las recomendaciones divinas al respecto de cómo debemos sembrar integral y holísticamente e incluso como debemos nutrirnos y de qué frutos hacerlo, es quizá uno de los principales dilemas que tenemos, especialmente porque aun leyendo en el Texto de Textos estos mandatos, preferimos descontextualizarlos y desobedecerlos, para al final, cuando las cosas no funcionan querer preguntarle al Creador el por qué nos esta aconteciendo ello.

El Texto de Textos nos revela en I de Corintios 15:35, “Pero dirá alguno: ¿Cómo resucitarán los muertos? ¿Con qué cuerpo vendrán? 36 Necio, lo que tú siembras no se vivifica, si no muere antes. 37 Y lo que siembras no es el cuerpo que ha de salir, sino el grano desnudo, ya sea de trigo o de otro grano; 38 pero el Creador le da el cuerpo como él quiso, y a cada semilla su propio cuerpo”.

Oremos para que cada estación de vida nos permita reencontrarnos con la armonía divina.