Históricamente se nos ha dicho que todos los astros por lejanos y desconocidos que nos parezcan nos afectan de alguna forma, bajo esa mirada hay quienes entienden la influencia que puede tener la luna sobre algunos de nuestros comportamientos e incluso actividades sin que con ello estemos promoviendo ningún tipo de visión exotérica, sino más bien la bella postura de comprender que hacemos parte integral de una Creación y que cada partícula que le compone a la vez se integra a nuestro ser, siendo necesario no solo comprender ese todo exterior sino a la vez coordinar nuestro ser interior para que esas interacciones sirvan de crecimiento para nuestras existencias y no como sucede regularmente para distanciarnos más y más incluso de nosotros mismos.

Una perla cotidiana democrática nos invita a “evitar votar y más bien preferir elegir a quién sabiamente nos gobierne”.

Cuentan que mientras algunas culturas prefieren el calendario solar el cual nos indica que nuestro planeta tierra da una vuelta completa al sol cada trescientos sesenta y cinco días aproximadamente que se suma un año a dicho calendario, existe también el calendario lunar que calcula nuestros avances de tiempo según los ciclos de la luna y sus cuatro grandes fases las cuales se reiteran hasta que la luna da la vuelta completa alrededor de la tierra cada 27 días aproximadamente.

Y aunque estamos inmersos en costumbres que nos llevan a depender del calendario solar lo cierto es que cada que se completa una vuelta más celebramos nuestros onomásticos seguramente como una forma de denotar gratitud al mismo Creador por ser testigo de nuestros sueños, luchas y pasos consolidados.

El Texto de Textos nos revela en Santiago 2:23, “Y se cumplió la Escritura que dice: Abraham creyó al Creador, y le fue contado por justicia, y fue llamado amigo del Creador”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras …

COTIDIANIDADES…

¡nos transformaremos!