El Texto de Textos nos revela en Éxodo 20:17, “no codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo”.

Se cree que hay una diferencia sustancial entre la numerología y la gematría, y aunque los números como las letras son códigos que pueden aportarnos, somos nosotros los que al darles diversas interpretaciones y visiones nos sesgamos a interpretar coloridos misteriosos que ya no aportan sino que nos apartan de las muchas manifestaciones que el Creador nos hace a diario y que cada quien interpreta como mejor le parece, perspectiva que nos invita sin embargo a reflexionar más a fondo al respecto de lo que es la obediencia.

Los que hablan por ejemplo del yin y el yang para darle al nueve o al Doble Nueve o Doble Yang un énfasis olvidan que ese símbolo de unidad y hasta perfección si bien se refleja en el frescor del aire y la brillantez del sol, también lo vemos en el ascender a una montaña o el contemplar el magnífico espectáculo de todo lo Creador ya que ese signo nos incita como otros a estar más cerca al cielo, a agradecer al Creador por todo lo que nos aporta y así ensanchar nuestra mente, corazón y Espíritu para percibirle a Él.

Todas las visiones de vida contienen si así las queremos percibir la fortuna que es más que económica de sabernos alimentados por un Creador que no juega al azar con nosotros, que no pone en riesgo la seguridad de sus hijos, por ello los enfermos ludópatas compulsivos que ven en estos códigos y símbolos una forma de ganar dinero solamente están perdiéndose de ese amor puro y de todo lo que significa vivir.

Así que si le queremos apostar a los números o a otra cosa que sea al amor, al servicio, ya que lo único que quizá demuestran este tipo de engañosas perspectivas simbólicas que le apuntan a la suerte, la buena fortuna o el destino económico, es que con esos hábitos solo se genera más desesperanza, haciendo que este tipo de distractores disfrazados de diversiones inconscientes pero nada inocentes llenen de vicios altamente peligrosos a quienes se enfocan en ellas.

Busquemos que nuestras celebraciones incluso aquellas que le apuntan a la suerte nos incentiven a proponernos el darle lo mejor de nosotros a esos seres a los que estamos decididos a amar profundamente. Y que desde esa mirada ello signifique el ganar, si el termino nos lo permite, la mejor fortuna a la que podemos aspirar, que es la de compartir con otras personas y gracias a esa búsqueda el mejorar nuestras coexistencias en pro de nuestro bienestar que es general siempre guiados por el Creador.

El Texto de Textos nos revela en Lucas 12:15, “y les dijo: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee”.

Oremos por tener la suerte de conocer más Jesucristo.