Y aunque hay diferentes ritmos y propuestas musicales y no vamos aquí a defender ninguna postura, como tampoco a atacar algunos gustos que definitivamente consideramos no nos aportan mucho para nuestras existencias, si vale la pena que individualmente reflexionemos al respecto de las canciones que más nos gustan, las letras con las cuales estas reprograman nuestros subconscientes e incluso los estados emocionales a los cuales dichas musas nos llevan, ya que gracias a esas revisiones podríamos redefinir si realmente vale la pena que sigamos ese tipo de expresiones culturales o si por el contrario asumimos la diaria tarea de enseñarnos a escuchar música que realmente nos motive al modelo de vida que tanto anhelamos.

Una perla cotidiana nos cuestiona: “necesito a alguien que me entienda, para que luego me explique”.

Cuentan que cuando le preguntaron al musicólogo el por qué afirmaba que la música tenia un altísimo componente de espiritualidad y por ende no se debía escuchar cierto tipo de canciones que son altamente dañinas, este comentó: – en la música como en nuestro ser hay tres dimensiones, una armonía que toca el alma, una melodía que toca la mente y un ritmo que toca el cuerpo, seguramente por ello las cuerdas y los cobres estimulan esa espiritualidad mientras la percusión y el bajo solo el cuerpo.

Y aunque mucho se nos habla del tema, poco parece comprendemos que algunas canciones solo nos ayudan a deprimirnos y sentirnos más que mal, mientras que otras pueden retroalimentar nuestras existencias al punto de llevarnos a tener mejores relaciones con nosotros y los demás, así las cosas, lo más sano que podemos buscar es escuchar canciones que sanen nuestros seres.

El Texto de Textos nos revela en el Salmo 150:6, “todo lo que respira alabe al Creador”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…

COTIDIANIDADES…

¡nos transformaremos!