El Texto de Textos nos revela en Éxodo 13:21, “el Creador iba delante de ellos, de día en una columna de nube para guiarlos por el camino, y de noche en una columna de fuego para alumbrarlos, a fin de que anduvieran de día y de noche”.

El concepto de manifestar es sinónimo de declarar: aclarar, sacar a la luz, exhibir, dejar ver por lo que desde esa perspectiva debemos asimilar las diarias revelaciones de nuestro Creador a través de esa su Luz, energía que como masa critica percibimos mínimamente como una estructura predeterminada: materia, la cual sabemos contiene más elementos, tantos que no podemos percibir y menos imaginar por lo que valdría la pena acceder aquí y ahora a esa dimensión voluntariamente a través de nuestra Fe.

Tanto nuestro universo como espacio ilimitado y los vacíos visuales y conceptuales que dentro de este suponemos, solo nos dicen que hay una manifestación absoluta y permanente llamando nuestra atención, pese a que nos enfocamos más en una serie de distractores que sin embargo también nos denotan que hacemos parte integral del todo y que como fragmentos aunque nos sentimos contradictoriamente distantes, producto incluso de un lenguaje limitado y finito que no logra explicar lo exterior y menos lo interior de nuestros seres y que adicionalmente nos lleva a desconectarnos de nuestro Creador.

El todo que queremos entender exclusivamente como físico y que mal explicamos a través de una gran explosión o big ban, no puede comprenderse a través de la no existencia. Simplemente queramos o no aceptarlo, todo lo que existe nos revela que en medio de lo oculto y los misterios, se encuentra una energía Superior Divina que nos creó y en la que nos recreamos y a la cual nos debemos y la que podemos descubrir con solo dejarnos iluminar de sus destellos: Guiar por sus manifestaciones.

Nuestra capacidad creativa hace parte de Luz divina, por lo que como fragmentos independientes de la misma debemos reconocer que hasta nuestras ilusiones interdependientes nos integran afortunadamente a Él para llenar esa vacío universal que sin ser exclusivamente espacial, percibimos así por lo cual deberíamos explicar ello como la ausencia de su ser en nosotros, perspectiva que conduciría a nuestra voluntad a recrearse más conscientemente en su fluir y así vivir en armonía con ese todo.

La Cábala nos denota que lo material finito es solo una manifestación de lo infinito y lo ilimitado de Él por lo cual lo que llamamos nada también hace parte del todo y lo que percibimos como vacío se integra a la unidad. Por lo que la oscuridad solo puede existir si reconocemos la luz, conceptos abstractos que solo reflejan que hay un nivel superior espiritual que no podemos explicar pero al que podemos acceder voluntariamente una vez reconocemos tanto su existencia como nuestra subordinación a Él.

El Texto de Textos nos revela en Efesios 1:15, “por esta causa también yo, habiendo oído de vuestra fe en el Señor Jesús, y de vuestro amor para con todos los santos, 16 no ceso de dar gracias por vosotros, haciendo memoria de vosotros en mis oraciones, 17 para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él, 18 alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos.”

Oremos para atender todas las manifestaciones del Creador y acercarnos más a su luz, su energía: a Él.