El Texto de Textos nos revela en I de Reyes 17:20, “Y clamando al Creador, dijo: Jehová Creador mío, ¿aun a la viuda en cuya casa estoy hospedado has afligido, haciéndole morir su hijo? 21 Y se tendió sobre el niño tres veces, y clamó a Jehová y dijo: Jehová Dios mío, te ruego que hagas volver el alma de este niño a él”.

Tenemos una tendencia quizá por nuestra perspectiva bipolar con que entendemos el mundo de irnos hacia los extremos y a la vez de creer solo en lo que nos conviene, lo que nos ha llevado a perpetuar una serie de creencias, mitos y ritos que con su simbología refrendamos a través de zodiacos que disfrazados por adivinos nos llevan a extrañas visiones de este mundo que algunos califican como verdades, sin entender que con ello solo nos podemos estar generando más confusiones, de esas que además nos pueden distanciar del verdadero y único camino para retornar al Creador: Jesucristo.

Es cierto que hay cientos de aspectos de nuestras existencias que no comprendemos y aunque hay insinuaciones perspicaces de esas que suponemos nos pueden ayudar incluso para encontrar nuestras fortalezas, debilidades, oportunidades y hasta amenazas, esta demostrado también que las verdaderas revelaciones vienen del Creador y es Él quien nos va a denotar, en su momento y a su criterio, cuáles son nuestras cualidades naturales y cómo ponerlas al servicio de su obra.

 

Esa balanza que tiene que ver incluso con nuestras interacciones, relaciones, la pareja que nos acompaña en este camino y nuestras vidas en general, no debe depender tanto de la confianza en un futuro producto de la economía que con sus costumbres paganas e idolatras a perpetuado milenariamente dicha esclavitud, sino que deben sustentarse en todas las enseñanzas que encontramos en la Biblia, esas que simbolizan la importancia que le debemos dar a nuestras relaciones fraternales y a todo lo que nos rodea.

Quizá por ello para algunos octubre como octavo mes del antiguo calendario romano les invitaba con su otoño a un buen comienzo y apoyados en esa simbología incluso numérica vislumbraban una transición entre el cielo y la tierra. Mirada que desde la idolatría de los antiguos babilonios y egipcios hizo del ocho la reduplicación para consagrarse así al sol, imaginario del cual proviene la imagen del disco solar adornado por una cruz de ocho brazos que los pitagóricos llamaron, la Gran Tetrakis y que alejados de dicha confusión podría llevarnos a entender mejor el valor de la armonía y con ella la prudencia.

Ocho que la gematria percibe horizontalmente como infinito: nuestra eternidad y que para la Cábala es símbolo de justicia y equidad, lo que en este texto traducimos como resurrección para una nueva vida. Creencias que solo deben llevarnos a aprender más nunca a depender de un futuro que se vive desde el Presente, don del Creador dejando nuestra confianza y dependencia en Él para poder encontrar esa armonía y equilibrio para que nuestras vidas. Sentido que se logra a través de nuestras relaciones fortaleciéndolas  con la estabilidad, solidaridad y equilibrio emocional que solo Él reproduce en estas.

El Texto de Textos nos revela en Mateo 9:23, “Al entrar Jesús en la casa del principal, viendo a los que tocaban flautas, y la gente que hacía alboroto, 24 les dijo: Apartaos, porque la niña no está muerta, sino duerme. Y se burlaban de él. 25 Pero cuando la gente había sido echada fuera, entró, y tomó de la mano a la niña, y ella se levantó”.

Oremos para que el Creador nos guíe para vivir equilibradamente.