Si alguna persona nos imita es porque nos admira, así le cueste decírnoslo, lo que entonces más que molestarnos nos debe motivar para actuar cada vez de forma más correcta, coherente y consecuente debido a que estamos laborando para que más seres copien ese modelo de vida. Pero no por ello podemos ufanarnos y entonces dejar que sea nuestro ego el que nos cogobierne, por el contrario, nuestro deber es trabajar más duro para que todos esos principios y valores en los que creemos, se hagan realidad en nuestros hábitos y con ese sano ejemplo, lograr que más personas propendan por esa sana convivencia que predicamos.

Una perla cotidiana de Bruno afirma: “lo último corrompido, ¿no es el principio de lo engendrado?”

Cuentan que cuando el empresario llegó muy molesto a su casa debido a que la competencia le estaba plagiando sus más recientes diseños y además los estaba comercializando más baratos, su esposa espero que este terminara de refunfuñar, diciéndole que ya había denunciado la acción pero que los resultados se demorarían, así que ello concluyó: – tú mismo me has enseñado que si te copian es porque has encontrado un modelo de éxito y si además te critican es que no saben como copiarte”.

Y es que desafortunadamente estamos metidos en culturas mercantiles de la competitividad en donde algunos suponen que todo vale, lo cual no es cierto y por el contrario lo ideal es comprender que los mismos principios y valores que cogobiernan nuestras relaciones deben ser los que nos vinculan en todas las áreas en que estas se desarrollan, para que desde dicha lógica podamos vivir en una verdadera armonía.

El Texto de Texto nos revela en I de Tesalonicenses 4:9, “Pero acerca del amor fraternal no tenéis necesidad de que os escriba, porque vosotros mismos habéis aprendido del Creador que os améis unos a otros”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras …

COTIDIANIDADES…

¡nos transformaremos!