Hay ocasiones en nuestro día a día que no nos dejamos guiar de otras personas que nos quieren enseñar especialmente de sus experiencias y regularmente, ese no escuchar, es el que nos lleva a cometer los mismos errores que estas personas quisieron prevenirnos. Sin embargo no podemos decaernos por ello, no, se trata más bien de abrir nuestras mentes y los sentidos a través de los cuales percibimos el mundo para descubrir aquellos aspectos en los que debemos mejorar, crecer y gracias a esas nuevas enseñanzas permitirnos ser unos seres humanos más dispuestos para la convivencia, la fraternidad y el servicio.

Una perla cotidiana de Seneca afirma que, “es mucho más importante que te conozcas a ti mismo que darte a conocer a los demás”.

Cuentan que en una cotidianidad el adolescente llegó a su clase de primero y muy molesto, tanto que la docente lo notó y por lo tanto le preguntó al respecto. Ante el silencio del joven y el deseo de la profesora de ayudarle un poco al estudiante le dijo: – te invito a que uses la mente en vez de lamentarte. Y ante la sonrisa que este le dio ella entonces concluyó: – cuando me siento así como estas tú, no busco cuentos con final feliz, sino ser feliz sin tanto cuento.

Hay situaciones que calificamos como adversas cuando las deberíamos entender como necesarias, sí como oportunidades de crecimiento que nos presenta la vida para construir nuevos y mejores acuerdos ya sea con nosotros mismos como con los demás, lo que quiere decir que en vez de afligirnos al punto de deprimirnos con algunas situaciones lo que debemos es reflexionar profundamente en qué aspectos debemos crecer aun más.

El Texto de Texto nos revela en Efesios 5:15, “mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras …

COTIDIANIDADES…

¡nos transformaremos!