Desafortunadamente algunas de nuestras costumbres mercantiles nos incitan a dar esperando algo a cambio en el mejor de los casos, ya que regularmente esperamos recibir algo como producto de unos hogares en donde se nos formó recibiendo todo tipo de obsequios y prebendas incluso sin merecerlas. Compleja costumbre que además nos ha llevado a esperar que las demás personas nos den algo porque si y no tanto el trabajar y esforzarnos para lograr ese objetivo. Dar es por el contrario a lo que se puede pensar, una de las mejores formas de reconocer nuestra gratitud para con la vida, esa que nos ha dotado de todo y que solo espera que hagamos mínimos esfuerzos para retroalimentarnos de ella. Dar además es una de las mejores posturas para ir evacuando egoísmos que parecen estar enquistados en nuestros genes por lo que ello no es coherente con nuestra esencia de convivencia.

Una perla cotidiana dice, “no hay deber que descuidemos tanto como el deber de ser felices”.

Cuentan que cuando la hija visitó la casa de sus padres luego de separarse del hombre con el que compartió por casi diez años, estos le recibieron con mucha amabilidad. Por lo que una mañana el padre viendo que ella no quería levantarse le llevó una fruta hasta su cama y le dijo: – cuando hagas algo noble y hermoso y nadie te lo reconozca no es para estar triste, sino para aprender del amanecer que aunque es un espectáculo hermoso, muy pocas personas hacen parte de la audiencia que le disfruta.

Y es que en ocasiones esperamos aplausos de los demás cuando lo único que debemos hacer es el sentirnos orgullosos y tranquilos de haber cumplido con nuestros deberes, de lo contrario si lo que hicimos estaba sujeto a que otros lo valoraran estamos sumamente equivocados ya que la esencia de la vida nos invita a dar sin esperar nada a cambio.

El Texto de Textos nos revela en I de Timoteo 6:7, “nada hemos traído a este mundo y sin duda nada podremos sacar”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras …

COTIDIANIDADES…

¡nos transformaremos!