El Texto de Textos nos revela en Jonás 2:2, “y dijo: en mi angustia clamé al Creador, y Él me respondió. Desde el seno del Seól pedí auxilio, y tú escuchaste mi voz”.

Los seres humanos entendemos la vida a través de conceptos abstractos como el de espacio, distancia, tiempo, en fin, ideas que consolidan nuestros imaginarios y supuestos, pero que solo nos dan una pequeña perspectiva de toda la realidad. Desde esa mirada lo que concebimos como infierno, purgatorio, Seól o Hades y que relacionamos a entornos de castigo es probable que no sea más que una dimensión en la que debemos limpiar y sanar todo aquello que voluntariamente no quisimos hacer.

Escenarios en donde debemos atender con más coherencia nuestros seres para sacar de ellos todo aquello que a través del paso por esta vida no quisimos hacer. Pero más allá de aceptar o no estas y otras creencias, quizá lo más valioso para interpretar de estos argumentos y contra argumentos que podemos escuchar al respecto de estos lugares, es la necesidad de valorar todas las situaciones que nos acontecen a diario incluso aquellas que nos sacuden y que descalificamos como adversas o malas y gracias a ellas crecer.

Para qué esperar que nos llegue la muerte para entender que estamos llamados a corregir nuestras fallas y a acercarnos más al Creador. Incluso cuando padecemos una situación que nos parece injusta podemos extraer de ella lecciones y a futuro intentar que otras personas no tengan que reiterarse en las mismas vivencias que nosotros sufrimos. Proceso que es semejante a cuando lavamos nuestras ropas para volverlas a usar y las debemos someter a una serie de lavados a veces fuertes para esas prendas, pero que al final las dejan limpias y relucientes.

Así que la mayoría de circunstancias que nos acontecen cumplen con esa visión de mejoramiento para que seamos más luz. Lo que quiere decir que toda situación que experimentamos se integra a nuestro ser, lo que implica buscar que sean circunstancias que nos iluminen para que todos esos recuerdos oscuros que nos marcan no nos mantengan presos y se adhieran a nuestras existencias. Lo que no quiere decir que solo debemos vivenciar cosas buenas, pero si que estas son las dignas de resaltar ya que nos elevan, invitándonos a remover y evacuar todo aquello que nos ha estado lastimando.

Nuestra aspiración de acceder finalmente a un lugar de descanso eterno implica entonces que conscientemente crezcamos gracias a esas vivencias pero también que si no logramos ello, se genere otro escenario eterno en donde de alguna forma reflexionemos al respecto. Lo sano entonces es no solo lamentar nuestros errores sino enmendarnos, corregirlos y salir de esta orbe con nuestro Espíritu reluciente. Quizá de eso se trata el arrepentimiento que nos proyectan en esos otros espacios pero al que deferíamos acceder, aquí y ahora.

El Texto de Textos nos revela en II de Juan 1:6, “y este es el amor, que andemos según sus mandamientos. Este es el mandamiento: que andéis en amor, como vosotros habéis oído desde el principio”.

Oremos para que en vez de purgar corrijamos en vida nuestros errores.